ARTÍCULO 40 · ADICCIONES, RIESGO Y AUTOCONTROL

No es solo falta de voluntad: por qué algunos hombres convierten el riesgo en una vía de escape

El problema no siempre empieza porque un hombre quiera destruirse. A veces empieza porque encuentra una forma rápida de dejar de sentir durante unas horas aquello que no sabe cómo manejar de otra manera.

La conducta adictiva no empieza siempre con una vida desordenada

Un hombre puede trabajar, cumplir responsabilidades y mantener una apariencia de control mientras empieza a depender cada vez más de una sustancia, del juego, del sexo compulsivo o de otras conductas que proporcionan excitación y alivio.

La imagen del adicto completamente desorganizado puede retrasar el reconocimiento del problema. Muchas adicciones se desarrollan durante años dentro de una vida que, desde fuera, continúa funcionando.

El riesgo puede tener una recompensa psicológica inmediata

Determinadas conductas ofrecen algo más que placer. Pueden producir intensidad, desconexión, sensación de poder, desafío o una pausa temporal frente al estrés.

Cuando la vida cotidiana se vive como obligación continua, esa descarga puede convertirse en uno de los pocos momentos en los que el hombre siente que sale de la presión habitual.

El alivio enseña al cerebro a repetir

Si beber, apostar o buscar una conducta sexual compulsiva reduce durante unas horas ansiedad, aburrimiento, tristeza o sensación de fracaso, el cerebro aprende rápidamente la asociación.

El problema es que el alivio inmediato no resuelve aquello que lo provocó. Con el tiempo puede aumentar la frecuencia, disminuir el control y aparecer la necesidad de repetir la conducta para obtener un efecto parecido.

La masculinidad también puede dificultar pedir ayuda

A algunos hombres les resulta especialmente difícil admitir que han perdido control. Han aprendido a asociar autonomía con no necesitar a nadie y a interpretar la ayuda como una confesión de debilidad.

Esa resistencia puede prolongar el problema hasta que las consecuencias económicas, familiares, laborales o físicas son mucho más difíciles de ocultar.

El secreto protege la adicción

Mentiras pequeñas, cuentas separadas, horarios difíciles de explicar o minimización del consumo pueden ir creando una vida paralela. La persona necesita ocultar para continuar y, al mismo tiempo, el ocultamiento le permite continuar.

Romper ese círculo exige introducir realidad: cantidades, frecuencia, dinero gastado, consecuencias y personas afectadas.

No toda conducta intensa es una adicción

Disfrutar de un deporte, del sexo, de los videojuegos o de una actividad arriesgada no equivale automáticamente a tener una adicción.

Lo relevante es observar pérdida de control, interferencia con obligaciones, necesidad creciente, persistencia a pesar del daño y dificultad repetida para reducir la conducta cuando se desea hacerlo.

La vergüenza puede empeorar el problema

Cuando el hombre se define a sí mismo como débil, irresponsable o fracasado, la vergüenza puede alimentar precisamente aquello que intenta abandonar. El malestar aumenta y reaparece la necesidad de escapar.

Responsabilidad y humillación no son lo mismo. Es posible reconocer el daño causado y asumir consecuencias sin convertir toda la identidad en el problema.

La familia necesita límites además de apoyo

Ayudar no significa financiar deudas, ocultar consecuencias o resolver repetidamente los daños para que todo siga igual. A veces la protección de la familia exige límites económicos y relacionales claros.

El acompañamiento es más útil cuando favorece tratamiento, transparencia y responsabilidad en lugar de sostener el funcionamiento de la conducta adictiva.

Cambiar requiere construir otra forma de regularse

Eliminar una conducta sin sustituir la función que cumplía deja un vacío. Si la persona utilizaba el juego para sentir excitación, el alcohol para dormir o el sexo compulsivo para escapar de la soledad, necesitará nuevas formas de afrontar esas necesidades.

Tratamiento psicológico, apoyo médico cuando corresponda, actividad física, relaciones, descanso y una reorganización concreta de rutinas pueden formar parte de esa reconstrucción.

Pedir ayuda pronto sigue siendo una decisión de control

Reconocer que una conducta empieza a gobernar la vida no elimina la autonomía. Al contrario, puede ser el primer acto real para recuperarla.

Cuanto antes se interviene, más posibilidades existen de reducir daño y reconstruir relaciones antes de que las consecuencias se vuelvan más graves.

PARA PROFUNDIZAR EN ESTE TEMA

ADICCIONES MASCULINAS: DROGAS, SEXO, JUEGO Y EL RIESGO EN LA VIDA DE LOS HOMBRES

El libro examina distintas formas de adicción y conducta de riesgo en los hombres, sus funciones psicológicas, los factores que dificultan reconocer el problema y la necesidad de reconstruir control, responsabilidad y alternativas de afrontamiento.

VER ÍNDICE GRATUITOCOMPRAR PDF

VOLVER A TODOS LOS ARTÍCULOS  |  ARTÍCULO ANTERIOR  |  ARTÍCULO SIGUIENTE