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ELLA ME HA DEJADO - ¿Y
AHORA QUÉ?
Ahora mantener la calma y superarlo.
Es una de las peores crisis que
nos puede suceder en la vida y cada vez más frecuente: que nuestra
mujer nos deje. Las razones pueden ser distintas, pero el dolor siempre
es igual de intenso. Es una situación en la que muchos se ven incapaces
de actuar razonablemente, o de seguir viviendo con normalidad.
Si el amor permanece, pero la convivencia
resulta ser imposible por las razones que sean, el afectado sobrelleva
un desequilibrio emocional que no sabrá dominar – al principio.
Los psicólogos hablan de
4 fases de la separación:
-
la negación, el choque:
No se quiere reconocer la realidad. Se está buscando excusas e intenta
buscar una segunda oportunidad.
-
desequilibrio emocional: Ya
no se controlan los sentimientos. Rabia, miedo, dudas, baja autoestima
y la desesperación vienen y van sin que la persona sepa manejarlos
con normalidad. Surge el insomnio, pérdida de concentración
y de apetito.
-
enfrentarse a una nueva vida:
Se empieza a hacer planes, a poder verse en una nueva vida, activo. Cada
vez se siente menos el odio o la rabia.
-
concepto nuevo de la vida: Ya
se ha superado la separación. Se ha recuperado la autoestima, se
asume la responsabilidad, uno se conoce mejor y se está mejor preparado
para asumir la vida como soltero o para entrar en una relación nueva.
No se puede separar estas fases rigurosamente,
algunas veces se mezclan. Depende de la intensidad de la relación,
el proceso de superación puede durar de 2 a 4 años, aunque
esto al principio para el afectado no parece factible.
No se puede generalizar pero, según
las observaciones de casi todos los psicólogos, son más los
hombres que las mujeres que luchan con este tema.
La razón es que esta situación
supone una completa pérdida de control sobre su propia vida lo cual
les resulta casi inaceptable. Se hunden en acusaciones, odio y se olvidan
de sus propios sentimientos para poder rehacer su vida.
Los psicólogos proponen
algunos consejos:
-
Aceptar todos los sentimientos.
Todo está permitido. Los hombres más exitosos y ricos se
sienten más inútiles y sin importancia cuando pasa esto.
Toda la vida se pone en cuestión. Por eso el cuerpo reacciona como
en una crisis, ya que es una situación que parece poner en peligro
toda nuestra vida. Lo peor sería actuar como si no hubiera pasado
nada.
-
Expresar los sentimientos. Por
muy importante que sea este consejo, a muchos hombres casi les resulta
imposible. Primero por la educación y la sociedad que no les permite
mostrar tristeza, segundo porque a muchos les falta el lugar de confianza.
Amigos, familia, foros de autoayuda, psicólogos, la religión,
pintar o escribir, todo puede servir para poder llevar al mundo lo que
se guarda dentro. Hay que encontrar un sitio donde se pueda llorar y de
donde queda excluido el hombre oficial. Muchos, sobre todo hombres, como
no saben manejar esta situación, empiezan a tomar pastillas o a
beber alcohol. Esta medida no ayuda, sino que prolonga el sufrimiento e
incluso lo agrava.
-
Aceptarse a si mismo tal y como
se es. Se encuentra en una crisis y como los hombres no son máquinas,
no se puede funcionar como si no hubiera pasado nada. La concentración
y las fuerzas físicas y mentales están perjudicadas. Si es
posible decirlo en el trabajo, lo van a entender. En todo caso hay que
aceptar que no se puede funcionar como antes.
-
Vivir cada día. Muchos
se quedan completamente sin fuerzas. El sufrimiento puede ser tan grande
que surgen pensamientos de suicidio. No se piensa en el futuro. La meta
es este día. Si una persona piensa en suicidarse, en las posibilidades
y cómo hacerlo, hay que plantearse seriamente recurrir a la ayuda
profesional. Aunque no se realice el suicidio, el sufrimiento es tan grande
que puede perjudicar de una u otra manera a uno mismo o a otras personas.
-
Comportarse bien consigo mismo.
Te han tratado mal, por eso eres tú quien te tienes que cuidar mucho.
Hay que hacer todo lo que te guste, y encima comer bien y, si es posible,
hacer deporte. Haciendo deporte el cuerpo produce hormonas (endorfinas)
que dan la impresión de felicidad, algo que en este momento se necesita
más que nunca.
-
Echar cuentas. No solamente
en lo que se refiere a la otra persona, sino consigo mismo. Es el momento
de preguntarse qué cosas eran buenas y malas en aquella relación.
¿Qué cosas le hacían feliz y cuáles fueron
las razones que causaron la separación?. Hay que buscar la parte
de la culpa de uno mismo. Ya no somos niños y los otros tienen toda
la culpa. ¿Había comunicación en la relación?
Aprender de la propia culpa puede ayudar en las relaciones siguientes para
hacer “todo mejor” o por lo menos para evitar errores.
-
Cambiar la mentalidad no es
cosa de hombres débiles sino de hombres con capacidad de aprender.
Lo que ha pasado por una parte seguramente fue una injusticia, pero solamente
cuando uno deja de verse como víctima se puede empezar de nuevo.
Más fuerte, más independiente e incluso más sabio.
Tampoco se trata de caer en remordimientos. Todos actuamos en las situaciones
según nos parece bien y justo. Si había errores, hay que
aceptarlos y perdonar. El hombre que no sabe perdonar, ni a la otra, ni
a si mismo, nunca va a poder vivir en paz.
-
Darse tiempo. Obviamente a la
hora de separarse se pierde mucho, parece que todo. Nadie puede esperar
que el sentimiento de la pérdida se pueda poner al día en
dos semanas.
Por si puede ser un consuelo, todos
los que han superado una crisis como esta, después se sentían
más contentos ya que todo este proceso también sirve para
conocerse mejor, para reforzar la autocrítica, para verse de
nuevo en el mundo.

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