CÓMO NOS VEN ELLAS /opinión
femenina |
SI TIENE DINERO PUES QUE SE LE
VA A HACER, AYUDARLE A GASTARLO.
Un estudio analizado por The Economist
analiza las causas genéticas que hacen que las mujeres “huelan
el dinero”.
¿A quién prefieren
las mujeres, a un poderoso y apuesto ejemplar masculino con un ADN fuerte,
pero promiscuo, o a un chico con otro tipo de código genético,
que las quiera y esté dispuesto a cuidar de sus hijos? La respuesta
a esta hipotética pregunta que se plantea The Economist es que ellas
se casan con los últimos, pero se sienten atraídas por los
varones mejor dotados genéticamente... sobre todo si están
en un momento fértil y tienen la posibilidad de ser infieles a sus
parejas.
Al menos, esa es la conclusión
de un estudio liderado por el profesor de la universidad Charles de Praga,
Jan Havlicek. Estos investigadores estaban interesados en averiguar si
el género femenino se sentía atraído por el olor de
los hombres dominantes, igual que sucede en otras especies animales.
Havlicek y su equipo partían
de la base de que las feromonas tienen un papel importante en la atracción
entre géneros de la especie humana, por ejemplo, para evitar la
endogamia. Entre los humanos, el olor corporal como arma sexual suele estar
relacionado con el cuerpo del que procede. Demostrar si el aroma del poder
es atractivo por sí mismo, independientemente de otros factores,
es el objeto del estudio que nos ocupa.
Para ello, el primer paso era decidir
cuándo un macho es dominante. Los investigadores analizaron a un
grupo de estudiantes varones. Les sometieron a un arduo cuestionario que
medía sus tendencias a corregir a los demás, a controlar
las conversaciones o a intentar superar las hazañas de los otros.
La conclusión fue que el nivel de dominación, en su cuestionario,
se correspondía con el nivel de narcisismo del sujeto.
A continuación, los cerca
de 50 estudiantes investigados tuvieron que soportar cojines de algodón
bajo sus axilas y se les prohibió la cerveza, tabaco y otras delicias
de la vida de estudiante que pudieran afectar al aroma de su sudor.
La prueba para las mujeres tenía
otros inconvenientes: se vieron obligadas a aspirar la esencia de los cojines
y medir la “intensidad”, “masculinidad” y “sex-appeal” de cada uno de ellos.
Cada fémina debía confesar su estado civil y someterse a
una prueba de saliva que determinara en qué fase del ciclo menstrual
se encontraba.
El resultado de la prueba fue que
las mujeres encontraron más atractivo el olor de los fuertes que
de los débiles, dándose la asombrosa circunstancia de que
ellas mantenían una relación en ese momento y, claro, se
encontraran en la fase más fértil de su ciclo. En otras palabras,
los dominantes atraen a las mujeres fértiles “que tienen la posibilidad
de ponerles los cuernos a sus parejas”.

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