A
LOS MALTRATADOTES, SÓLO DESPRECIO.
Nada justifica los malos tratos,
pero mucho menos el de esos individuos que se ensañan con mujeres,
niños o ancianos. Los maltratadores solamente son cobardes que abusan
de los más débiles. Toda la repulsa y desprecio. Vergüenza
nos da que haya hombres que tienen tan poco de tales.
Decía una de las cada vez
más numerosas mujeres que sufren violencia doméstica que
el maltratador es un hombre que no sabe querer ni tratar a las mujeres;
no sabe vivir; son sádicos, hipócritas y acomplejados por
muchas razones. Carecen de autocontrol y de los más elementales
sentimientos humanos, haciendo infelices hasta a sus propios hijos.
Sobre estos terroristas cotidianos
debe caer todo el peso de la ley. En algunos países se llegan a
publicar sus identidades para que la sociedad los conozca y los desprecie
como es debido. Al margen de la legalidad de esta solución, sobre
lo que hay un profundo debate jurídico, lo cierto es que este problema
existe porque la sociedad es tolerante con los hombres maltratadores.
CUANDO HAY NIÑOS, TODAVÍA
PEOR.
Cuando hay niños y son objeto
de malos tratos o deben presenciar las palizas que sufre su madre, la situación
es todavía peor, pues la marca que estas conductas dejan en la infancia
es imborrable.
Las personas no son propiedad
de nadie y hay que educar a los niños en el respeto al derecho ajeno,
la caballerosidad, la cortesía, la generosidad y el odio a la violencia.
Nuestro más absoluto desprecio
por los que no respetan a los demás, pero más profundo contra
los que maltratan a quien antes amaron. Nuestro odio hacia los que emplean
la violencia contra los demás, pero hágase justicia de una
vez contra los que maltratan a mujeres, niños y ancianos. Vergüenza
nos da que haya hombres que tienen tan poco de tales.

|