COMO
NOTÉ QUE MI MARIDO ME ERA INFIEL.
Empezó por el desinterés,
siguió con disputas económicas y salidas frecuentes. Era
fácil darse cuenta pero me negaba a aceptar lo evidente: estaba
con otra y abandonaba la casa.
Los viernes se convirtieron en días
de “juntas” que lo ocupaban hasta altas horas de la noche; incrementaba
sus salidas fuera de la ciudad debido a “seminarios”, “cursos”, etcétera;
y tenía “llamadas de emergencia” de su trabajo que lo hacen salir
de casa.
Escondía el estado de cuenta
del banco, me recriminaba que gastaba demasiado, se enojaba cuando le pedía
la cantidad correspondiente a los pagos habituales (colegios, teléfono,
etcétera), insistía en que había que reducir gastos;
amenazaba con quitarme la tarjeta de crédito.
Yo ya no le preocupaba, cómo
me sentía, qué pensaba, por qué hice tal o cual cosa.
Tampoco compartía conmigo su tiempo libre; la frecuencia y calidad
de las relaciones sexuales disminuyeron notoriamente, y los pocos momentos
de intimidad parecían reducirse a una mera descarga de tensión.
La convivencia en el hogar se volvió
monótona y aburrida, en ocasiones tensa -los gritos y el mal humor
predominaban-. Cuando se encontraba en casa, no participaba del entusiasmo
de los demás, ni de sus actividades (tareas, juegos, sobremesa).
Estaba su cuerpo pero no su mente.
Lo peor es que me recriminaba supuestas
infidelidades, el muy ...
Cuando ya lo sabía todo el
mundo me enteré yo. Ni siquiera los hijos le sujetaron, se
fue y desde entonces sólo hablo con su abogado. Ni siquiera ahora
puedo aceptar lo que ha pasado.

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