CUANDO
YA NO QUEDA NADA.
La historia de un prisionero de
un campo de concentración durante la segunda guerra mundial que
casi lo pudo superar todo, salvo cuando no quedaba nada por lo que seguir
viviendo.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial,
después de la liberación de los campos de concentración,
la gente regresó a su casa o a lo que quedaba. Cuenta una sindicalista
austriaca que tenían un autobús en el que se reunieron para
emprender el viaje de Ravensbrück a Austria. En el camino encontraron
a un hombre que quería ir de Berlín a Dresde, donde lo esperaba
su familia. Tenía muy mal aspecto y les contó que había
pasado doce años en el campo. Lo único que le hacía
aguantar todo era la esperanza de ver a su mujer y a su madre. Sólo
le sostenía la ilusión de volver a verlas.
Cuando llegaron a Dresde, ya no
reconocieron la ciudad que había sido destruida por completo por
las bombas. El hombre casi no podía orientarse, pero al final encontró
su casa o más bien lo que quedaba.
En lo que fue su casa solamente
había un tablón de anuncios con varias hojas de mensajes
para los que con suerte regresaban. Y encontró un mensaje para él,
le decían que durante un bombardeo toda su familia había
muerto.
Aquel hombre había sobrevivido
12 años en un campo de concentración, sólo con
la esperanza de volver a ver a su familia, pero aquel momento ya
no lo soportó, murió en el acto frente al tablón de
anuncios.

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