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EL
ESTRÉS Y LA VIDA EQUILIBRADA.
Cuando hay un cambio de circunstancias que cuesta superar, se genera estrés. Se trata de una reacción científica que si es grave debe tratarse y que supone una importante enfermedad en el mundo laboral. Lo curioso es que las nuevas investigaciones recomiendan una vida en orden y equilibrada para superarlo. ¡Lo que nos decían nuestras abuelas! Fue en 1936 cuando Hans Selye, fisiólogo canadiense de origen austriaco, utilizó la palabra “estrés” para referirse al síndrome general de adaptación. En 1950, Selye publicó su obra Stress, que tuvo una gran repercusión en la medicina. ¿Qué ocasiona el estrés?. Las situaciones desencadenantes
del estrés son muy diversas.
Ante una situación de estrés, nuestro organismo está genéticamente condicionado para poner en marcha una serie de respuestas neurobiológicas de "autoprotección" mediadas por hormonas como la adrenalina o el cortisol, que se manifiestan en forma de taquicardia, respiración acelerada, hipertensión, hiperalerta, etcétera. De algún modo todos esos fenómenos desagradables nos preparan para luchar contra la amenaza que supone la situación de estrés aguda, pero cuando ésta se resuelve el organismo vuelve a recuperar su estado de equilibrio. Sin embargo, si esa resolución
no se produce y la acción de la circunstancia estresante persiste
o es demasiado intensa, el sistema se "vuelve contra nosotros" y surgen
las complicaciones médicas del estrés crónico que
afectan a casi todos los órganos y sistemas.
Los efectos psicológicos y conductuales del estrés crónico no controlado son también muy importantes y se manifiestan sobre todo en forma de ansiedad, fobias, depresión, trastornos de la conducta alimentaria y trastornos del sueño entre otros. El consumo de alcohol, tabaco, psicofármacos y sustancias ilegales se dispara, al igual que los problemas familiares, el índice de divorcios y el suicidio. LO QUE PASA DENTRO DE LA CABEZA CUANDO LLEGA EL ESTRÉS. El organismo humano posee unos mecanismos propios que le permiten adaptarse continuamente a las distintas situaciones del entorno cambiante. En esos mecanismos adaptativos intervienen diferentes factores, uno de los más importantes es el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, que regula un gran número de reacciones hormonales en el cuerpo humano y que tienen su expresión en síntomas y signos tanto físicos como psíquicos. Al activarse el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, el hipotálamo (una glándula neuroendocrina que se sitúa en la base del cerebro) libera endorfinas, hormonas que producen un efecto analgésico para reducir el dolor y proporcionar sensación de bienestar. La hipófisis (alojada debajo del hipotálamo) controla las glándulas suprarrenales (situadas sobre los riñones), que segregan dos hormonas, adrenalina y cortisol. La adrenalina acelera el corazón, regula la tensión arterial, genera energía y produce agresividad. El cortisol es la hormona que, además de modular el sistema inmunológico o defensivo del organismo, genera energía para la lucha o los mecanismos para la huida. Existe un circuito autorregular entre el sistema inmunológico y el sistema nervioso central, en el que también intervienen el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal y el sistema neuroendocrino. El estrés se ha asociado con la activación de estos sistemas, que provocan un aumento en sangre de cortisol y catecolaminas. Y las células del sistema inmune poseen receptores para estas hormonas, lo que implica su papel en la modulación del sistema inmune. ¿Es el estrés cosa de ricos?. En diversos estudios epidemiológicos se ha demostrado que el estrés crónico en el entorno laboral y una de sus expresiones más genuinas -el síndrome de burnout o del trabajador quemado- afecta particularmente a los trabajadores sanitarios, maestros, periodistas y empleados de empresas financieras, sobre todo mandos intermedios. Sin embargo, no podemos olvidar que el estrés no es patrimonio de las sociedades desarrolladas ni de los grupos profesionales de mayor nivel. En su último informe sobre salud en el mundo, la OMS llama la atención sobre el importante factor de riesgo que supone la pobreza para el desarrollo de enfermedades mentales y para sufrir las consecuencias del estrés crónico. De algún modo los pobres padecen las enfermedades vinculadas inherentemente a la pobreza y a la vez empiezan a adquirir las que relacionamos más con un estilo de vida "desarrollado". ¿Qué recomiendan las últimas investigaciones?. Lo curioso es que las nuevas investigaciones recomiendan una vida en orden y equilibrada para superarlo. ¡Lo que nos decían nuestras abuelas! En el libro El fin del estrés
tal como lo conocemos, Bruce Mc Ewen, director del laboratorio de Neuroendocrinología
de la Universidad Rockefeller en Nueva York, ofrece una nueva visión
del estrés.
¿Cómo medir el estrés? Existen diferentes técnicas para medir el estrés, tales como:
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