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CELOS DEL PASADO. TAN FRECUENTES EN HOMBRES Y MUJERES. Los celos retrospectivos son tan universales como el amor mismo. Todos somos Otelo. Efecto diferente en el hombre y en la mujer. Origen de los celos con la relación maternal. Los celos retrospectivos son tan universales como el amor mismo. De todas las formas de celos que se pueden padecer, los celos del pasado, son, quizás los peores. Porque el pasado es inmodificable, las huellas de la memoria son indelebles y lo que sucedió es una forma de ausente presencia con la que resulta imposible luchar. Los celos retrospectivos son celos del pasado de la persona a la que amas. Y el pasado no lo puedes cambiar, con lo que la impotencia es brutal. En realidad, es casi la sublimación de los celos, un sentimiento irracional y absurdo. En esencia, el celoso pretende poseer al otro hasta en su vida anterior. Los celos son peligrosos porque pueden abrir la caja de Pandora, desatar fantasmas del pasado que creíamos enterrados. CELOS EN EL HOMBRE En una ocasión un hombre joven cayó en una depresión porque tuvo que dejar al amor de su vida, el motivo, que no podía superar los celos del pasado. Hasta tal punto era su obsesión que a pesar de mantener una relación sentimental de años, no pudo culminarla sexualmente. Era tal su obsesión por el
ex-amante de su pareja, que en una época en la que tuvo que coincidir
con él con frecuencia tenía que tomar productos que le permitiesen
evadir la rabia que sentía, sólo estos productos le evitaban
mantener su mente ocupada con otros pensamientos. Este hombre, que había
hecho de los celos una enfermedad, confesaba que necesitaba de estos productos
porque al estar junto al ex-amante se le figuraban imágenes del
pasado que le atormentaban, ya fuesen actos sexuales, posturas, etc.
CELOS EN LA MUJER. Una mujer me explicaba con un magnífico ejemplo sus sensaciones: Como cuando llegamos tarde al teatro, la vida del hombre que amamos ya estaba empezada cuando nosotras entramos en escena y entre las bambalinas de su recuerdo se esconden personajes femeninos que nunca llegamos a ver, pero que nos quitan cartel. Cuando una llega a la vida de un hombre, es como si llegara tarde al teatro: la función ya está empezada, el protagonista masculino habla de una mujer que ya no está pero que, según parece, es el personaje principal y una tiene que mirar calladita desde la butaca cómo el idiota se rasga las vestiduras por una mujer que sin maquillaje y a la luz del día debe ser un esperpento. Y encima, hay que callarse la boca. Le molesta que hagamos comentarios, que manifestemos nuestra desaprobación con abucheos ...
Con mayor o menor intensidad, los celos son una forma de canibalismo afectivo. En ellos subyace el deseo de incorporar al otro, de devorarlo, de tenerlo no sólo simbólicamente dentro de nuestro corazón, sino efectivamente dentro de todo nuestro ser físico y espiritual. El intento, por supuesto, está de antemano condenado al fracaso: las barreras de la individualidad no pueden franquearse y el otro, por mucho que nos ame, tendrá siempre una parcela de vida inaccesible en la que jamás estaremos incluidas. Los celos, por lo tanto, continuarán corroyéndonos el corazón y envenenándonos la sangre con la misma virulencia que una enfermedad que mina nuestras defensas afectivas. Por eso, quizás, existe una Asociación de Lucha contra los Celos como existen varias asociaciones de lucha contra enfermedades incurables. Pero ¿se curan los celos?. ¿Son realmente una enfermedad o son una suerte de tara emocional constitutiva de la especie humana? LOS COMPLEJOS Las personas celosas tienen baja autoestima, son inseguras y por eso proyectan dudas y celos en las personas que quieren. Todos los celos son enfermizos y están motivados en la necesidad de control excesivo que tiene una persona hacia otra. El psicoanálisis, sin embargo, da una explicación diferente para esta enfermedad que, en mayor o en menor medida, padece toda la humanidad, pues todos somos Otelo. Los propios celosos, por su parte, no son conscientes de padecer una pasión enfermiza y toman sus celos como un signo inequívoco de su amor. Lo más extraordinario es los celos son un sentimiento que se experimenta sólo cuando se está muy enamorado, si no, no hay celos. El amor parece implicar necesariamente el deseo de la posesión absoluta. LOS CELOS Y LA MATERNIDAD. Los celos son estructurales, es decir, propios del desarrollo del psiquismo humano. El sujeto humano se forma a partir del vínculo con otro, generalmente la madre. Durante su desarrollo, el niño aprende a ser aquello que colma a su madre. Así se siente amado, tiene un lugar en el otro y aspira a ser todo para ese otro. Con este molde modelará todas las relaciones a dos. Pero el niño descubrirá tarde o temprano que su madre tiene otros intereses. Y en esas cosas él no tiene lugar. Este es el germen de los celos. Del odio al amor hay un paso, dice
un refrán popular. Quien bien te quiera te hará sufrir, sostiene
otro. Y, por supuesto, tienen su fondo de verdad. Pocas pasiones mutan
en su contrario tan fácilmente como el amor. Los celos son una suerte
de odio amoroso, un rencor sordo producido por la imposibilidad de estar
en cada uno de los rincones de la vida del otro, una desesperación
maligna por tener que sufrir la peor de las condenas del amor: la de
estar inevitable, irremediablemente desterrado del pasado de quien amamos.
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