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Ahora un estudio confirma la leyenda
negra: “la voz femenina agota el cerebro del hombre”.
Un estudio científico detectó
que la voz de las mujeres agota el cerebro del hombre.
Este informe fue publicado por “Neuroimage”,
una revista de ciencia en la que el profesor Michael Hunter, de la Universidad
de Sheffield, relata que los tonos femeninos toman toda el área
auditiva del cerebro, mientras que la voz de otro hombre sólo requiere
del área subtalámica, según relata el diario inglés
Daily Mail.
El estudio se realizó a través
de una tecnología especial para poder detectar estos movimientos,
de la misma manera que puede verse en una resonancia magnética.
Según este profesional, “las
mujeres tienen una voz natural con sonidos más complejos”. Algo
parecido a lo que le sucedió al emperador austriaco José
II cuando criticó a Mozart porque le sobraban notas. Que por cierto
Mozart no se mordió la lengua y le preguntó que cuántas
le sobraban. Ante el silencio del emperador añadió “tienen
las justas”. Evidentemente las justas para un genio, pero demasiadas
para mentes más simples, como parece ser nuestro caso.
Con este contundente resultado científico,
es más que razonable no poder sostener la atención en el
diálogo con una mujer por mucho tiempo.
Las mujeres suelen quejarse de que
los hombres no las escuchan, pero no comprenden que detrás de esta
situación hay fundamentos científicos que impiden poder escuchar
durante mucho tiempo sus planteos y conversaciones.
La realidad parece indicar que un
esfuerzo así podría afectar la zona cerebral masculina.
Dicho esto no hay que olvidar que
las mujeres hablan en “forma circular”, mientras que los hombres son muy
directos, demasiado: Por ejemplo: Pepe, no estoy a gusto en el trabajo
… dos horas después … María: lo mejor es que cambies de trabajo.
Lo ves Pepe, es que no me escuchas.
Es posible que la razón por
la que a las mujeres no les guste el fútbol sea por su simplicidad:
meterla o no meterla, esa es la cuestión, no hay que darle más
vueltas.
Pero no pueden comprenderlo.
Nos tienen en tanta estima que
buscan segundas intenciones porque no pueden aceptar que seamos tan simples.

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