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EL VIAJERO. Geografía
íntima. |
UN CALLEJÓN QUE LLEVA
AL METRO.
Un callejón, un pasillo,
un metro, frio.
En un rincón de una de las
más bellas ciudades centroeuropeas hay un callejón entre
dos casas que comunica dos calles. Todo el mundo lo utiliza porque a la
salida de este callejón está el metro. Los dueños
del callejón ya se han debido dar por vencidos y soportan el paso
incesante de gente.
Es un callejón frio, húmedo,
oscuro, pero muy transitado. No tendrá más de cincuenta metros
pero parecen cincuenta kilómetros. Es la antítesis de la
ciudad. A la salida del callejón, por una especie de portalón,
está la estación del metro, un supermercado, una tienda de
periódicos y un color gris que no permite distinguir el cielo de
la acera, el metro de la calle. Es como un brochazo gris a la salida de
un callejón negro.
No pude nunca cruzarlo sin darte
la mano. Tu mano con guantes, fría como los colores de la ciudad.
Una vez intenté cruzarlo solo y sin darme cuenta me vi corriendo
de vuelta hacia la entrada del callejón, un calle preciosa iluminada
desde la que se ve el río. Entre un lado y otro de la calle, entre
un lado y otro de la vida, hay un callejón que hay que cruzar. Es
un tramo corto, pero se hace eterno. Un callejón, un pasillo, un
metro que espera y que sólo conduce al frio.

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