TÍTERES DEL AZAR
“Todo lo que existe en el mundo
es fruto del azar y la necesidad”. Demócrito.
Somos títeres del azar porque
tú qué hacías aquí, tan lejos de todo. ¿Por
qué tenías que ir al teatro?. No me digas que no tenías
otras ofertas mejores. Y luego llegó la necesidad. Los dos teníamos
necesidad de hablar. No tanto del teatro que fue una obra espantosa, sino
de otras cosas.
¿Te acuerdas de qué
hablábamos entonces?. A lo mejor ni siquiera hablábamos.
Yo sólo recuerdo el ruido monótono de las olas desde el jardín
que está sobre la playa.
Y luego llegó el azar porque
volviste. Y luego la necesidad de no estar solos. Y luego llegó
el titiritero y nos cortó los hilos del azar dejándonos sólo
los hilos de la necesidad.
Dos títeres que seguían
de pie, sin hilos, y hablando de otras cosas. Éramos dos títeres
del azar y hoy sólo dos títeres de la necesidad. La necesidad
de no dejar que el azar rompa el último hilo.
Yo no quería sostenerme por
el hilo de la necesidad, el egoísmo para no enfrentarse a la soledad,
la dependencia de no perder lo poco que se tiene. Tú querías
acabar con teatro lo que empezó en un teatro, pero esta vez tú
querías ser el titiritero, no el títere, y escribir el final
de la función a tu antojo. Yo prefería seguir siendo títere
del azar o mejor un títere que se empeña en seguir de píe
cuando ya no quedan hilos que lo sujeten.
¿De qué hablamos ahora?.
A lo mejor ni siquiera hablamos. Yo sólo recuerdo el ruido monótono
de las olas desde el jardín que está sobre la playa. Era
de noche y hacía frio.

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