LOS QUE SE PASAN DANDO
El síndrome de ayudante (Helfersyndrom).
¿Es la felicidad responsabilidad
de cada uno o no pueden ser felices sin nuestra ayuda?.
Hay personas que se sienten obligadas
a ayudar a los demás hasta el extremo en que fundamentan su vida
en el cuidado y atención de los demás. El problema es cuando
esta actitud tan positiva excede de la “capacidad de dar” y acaba enfermando
al que quiere dar más de lo que puede. Suelen ser personas maravillosas
que acaban enfermando porque no pueden ayudar todo lo que quieren
El sicoanalista Wolfgang Schmidbauer
bautizó como "síndrome de ayudante" al perfil de personas
que ayudan a otras. Analizó la problemática de los ayudantes
y llegó a la conclusión de que bajo un impresionante altruismo
manifiesto, en algunos casos se esconden frecuentemente rasgos de una relación
problemática con las propias necesidades, rasgos de un egoísmo
prohibido.
Dicho así puede resultar
injusto y desagradecido desvalorizar los esfuerzos que hace una persona
que se dedica a los demás, pero Schmidbauer se centra en el ayudante
neurótico que no se puede relacionar con otra persona salvo en el
rol del ayudante, obligando al otro a cumplir el papel del necesitado.
Una persona que tiende a mostrar tales características niega cualquier
debilidad propia, cumpliendo exclusivamente las exigencias para ser superhombre
o supermujer y ayudante perfecto.
Hasta que ya no puede más
y al verse que no es útil aparecen comportamientos sádicos
o masoquistas, hasta intentos de suicidio, síntomas psicosomáticos
como dolor del estomago, úlceras, ataques cardiacos, y en forma
especial el síndrome de “burn-out”, es decir, el estar agotado,
el sentirse abandonado, quemado y solo.
De todo esto trataba “Die hilflosen
Helfer” un trabajo sobre la problemática síquica de las personas
que se dedican profesionalmente a la ayuda del prójimo, al que siguieron
“Los ayudantes sin ayuda”, “La impotencia del héroe” y “Ayuda para
el ayudante”. (Traducción libre de títulos no traducidos).
Se trataba de relacionar egoísmo
y altruismo y de esta manera abrir los ojos también para las debilidades,
las flaquezas y las miserias del ayudante.
Una persona con un el síndrome
del ayudante evita relaciones mutuas con otra gente a base de un dar y
recibir, evita relaciones con personas que no necesitan ayuda (no necesitadas).
Hay temas más delicados como
la infancia. La persona con Síndrome del Ayudante vivió como
niño situaciones donde fue emocionalmente descuidado, abandonado
o expuesto a sobre-exigencias. Tenía padres pocos sensibles. Todo
esto lleva al niño de no permitirse más el rol del necesitado,
sino que este rol lo pasa a los demás quedándose con el rol
del ayudante fuerte, potente portador de soluciones. Este rechazo lleva
al intento de identificarse con las exigencias del “super-yo” y del “ideal
del yo” impuestos por los padres.
Schmidbauer recuerda a Freud y concluye
su libro sobre los “ayudantes sin ayuda” con la recomendación: “Que
el superyo se convierta en yo. Que la ayuda provenga de la voluntad nuestra
y no sea por obligación. Así se puede transformar el Síndrome
del Ayudante. De esta manera no se desvaloriza ni desprecia el ayudar,
sino que se lo libera y lo pone en condiciones de realmente ser lo que
puede ser: Un actuar creativo, satisfactorio y rico de inspiraciones y
posibilidades de crecer.”

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