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CUANDO NO SE COINCIDE EN EL MODO
DE EDUCAR A LOS HIJOS.
Carta de una lectora.
A mi me dejó mi marido con
tres hijos. Y con toda la razón porque yo hacía de buena
ante mi hijo mayor, que ya tiene 20 años, y mi marido quedaba como
el malo de la película. Las consecuencias de tanta tolerancia es
que mi hijo ni estudia ni trabaja y vive a mi costa. Cuando mi marido salió
por la puerta me dijo: si tu quieres mantener a un vago, yo no. Así
que yo sola mantengo al vago.
Me levanto a las 6 de la mañana
y cojo el autobús para ir a una fábrica. Allí mi atosiga
mi jefe, que es un capataz de tres al cuarto, porque me sabe sola y responsable
de tres hijos. Me he tenido que dejar de teñir las canas a ver si
se tranquiliza el muy animal.
Llego a casa y mis hijos están
pegados a la televisión. Se niegan a estudiar o a ayudar con las
tareas de la casa. Yo acabo rindiéndome porque cuando vuelvo de
la fábrica ya no me quedan fuerzas para discutir.
Quizás mi situación
pone de relieve una situación diferente, propia de una capa social
que anda con lo puesto y vive de alquiler. Familias en las que el mayor
problema es que el marido esconda parte del sueldo para malgastarlo en
el bar o con una fulana barata. No me imagino un matrimonio con viajes
en primera clase y cada mañana de invierno, esperando al autobús
para ir a la fábrica, una comprende que a los hombres les exigimos
mucho, porque por encima de todo queremos que sean los padres de nuestros
hijos, que les aupen a una universidad, que les compren un coche, y a nuestros
hijos, honestamente, les compramos una playstation con 5 suspensos y diez
avisos del colegio por no asistir a clase. Estamos malcriando a unos
“hijos de obrero” consentidos, maleducados, tanto por la televisión
como por una generación de padres excesivamente idealistas. Unos
hijos que no saben valorar el esfuerzo de sus padres para sobrevivir.
Las mujeres de carne y hueso ya
nacemos pensando en una familia. La mayoría nos casamos porque sabemos
que solas no podemos sustentar a la familia y no estaría de más
que alguien pusiese sobre la mesa algo de lo que nadie se atreva a hablar
y que las mujeres, madres por encima de todo, tratamos de ocultar: estamos
criando a unos hijos tan egoístas que perjudican a la pareja y sin
pareja no hay base para la familia.

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