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LA BUENA EDUCACIÓN
Opinión enviada por lector.
Nosotros siempre queríamos
hacerlo todo de diferente forma.
Queríamos educar a nuestros
hijos de otra forma, y de hecho, cuando veo lo que los niños aprenden
hoy en día y lo que aprendimos nosotros, compruebo que no separa
un mundos.
Ni hablar del tiempo libre. Tuvimos
menos televisión, menos juguetes, menos de todo, pero mucho más
libertad.
Y aun así, se escuchan quejas
de todo el mundo. Últimamente una señora se quejó
de su
nieto, dijo que cuando viene a
comer a su casa a veces trae a un amigo, y en vez de agradecerla por la
invitación, ni la mira, no la saluda, la trata como a una sirviente.
Los profesores observan que los
jóvenes ya no les escuchan, los interrumpen y desconocen el modo
correcto de hablar con un adulto. Y estos todavía no son los peores
porque estos igual no son drogadictos, no se emborrachan todos los fines
de semana o igual se dedican al deporte.
Los “restaurantes” de comida rápida
no les enseñan la manera de comportarse correctamente en la mesa,
ya no hablamos de la perfección, sino de cerrar la boca y comer
con dos manos, con cuchillo y tenedor.
Ni hablar de los otros y de las
otras, que viven en casa, pero ya no hacen caso a los padres, vienen a
comer y a pedir la paga y luego a salir de marcha y si hay suerte vuelven
el domingo por la noche y si hay más suerte estudian.
Pero todavía son mejores
que los niños que creen que cuánto más griten antes
van conseguir lo que quieren. Si los padres les dan reglas, las ignoran
por completo y luego lloran y exigen toda la atención y el cariño.
Eso en otras familias, con mis hijos no lo dejo llegar tan lejos, ya tienen
de todo antes de abrir la boca y pedirlo.
Al mismo tiempo se crea una juventud
que ya no está contenta con nada.
Y también recuerdo las bofetadas
y los gritos cuando traje malas notas, en vez de ayudarme, me encerraron
en mi habitación, días y meses sin que pudiese ver a mis
amigos y sin ayuda. Todos pasamos la niñez en casa, sin la tele,
sin las play-station, claro que leíamos mucho más – no quedaba
otra con tanto aburrimiento. Los profesores siempre tenían razón.
Creo que ante estas tesis y antitesis
haría falta una síntesis. No vale decir “antes todo era mejor”
y hay que volver a la educación de antes. Queríamos hacerlo
diferente y se nos fue de la mano. Nuestros hijos se tienen que enfrentar
con mucha más información que nosotros, con más competividad
y todo esto con más rapidez, ellos necesitan todo el apoyo que les
podemos dar en un mundo que ni nosotros controlamos. Pero también
hay que regresar a cuidar las relaciones humanas, a una capacidad de cuestionarse
a si mismo, a una educación del corazón.

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