¿CUÁL ES LA DIFERENCIA
ENTRE UN SMART Y UN NIÑO ?
La solución a esta pregunta
trae consigo que en seis años, el número de adolescentes
y jóvenes (de 14 a 18 años) que hacen botellón se
ha duplicado. Un 64% de ellos cree que tomar alcohol es "normal". Además,
su forma de beber es hacerlo rápido y en gran cantidad. El problema
del botellón se arreglaría con una conducta más activa
de los padres. Basta ya de decir que es problema de los niños. Es
problema de los padres que lo toleramos y lo financiamos.
¿En qué se parece
un niño y un smart?. En que se ambos se aparcan en cualquier lado.
Seguramente hemos aparcado a nuestros
en cualquier lado, no hemos sabido fijar los límites, enseñarles,
hemos aceptado un fenómeno social como inevitable y hemos preferid
mirar para otro lado.
Las consecuencias de situación,
de la que somos responsables los padres porque afecta a niños menores
de 10 años, aparecen en el estudio de la Fundación La Caixa
“Los adolescentes ante el alcohol. La mirada de padres y madres”, dirigido
por Eusebio Megías.
Según este informe, los adultos
tampoco dicen mucho respecto al consumo de alcohol de los adolescentes,
ni siquiera si se trata de sus hijos. Los padres de los adolescentes no
han hablado de alcohol con ellos cuando eran pequeños "porque no
hacía falta", y no lo hacen ahora "porque ya no hay nada que hacer",
dijo Megías. Los adolescentes tampoco quieren hablar porque los
padres "no entienden" y "no se puede hablar con ellos". Aguantan los rollos
paternos, procuran no beber delante de ellos y no dar problemas en casa.
Los autores del informe destacan
el hecho de que el consumo de alcohol no es un tema sobre el que se eduque
en las familias. La mayoría de los padres saben que sus hijos adolescentes
beben, pero rechazan abordar el problema en casa y miran hacia otro lado.
Aunque reconocen que se trata de un fenómeno extendido, evitan tratarlo
con sus vástagos por considerarlo precipitado y cuando lo hacen
es inútil porque ya es demasiado tarde. Incluso hay progenitores
que asumen como inevitable que los menores beban como parte de un proceso
de maduración.
El estudio no da soluciones, aunque
sugiere que se fomenten acciones para "fortalecer el proceso de maduración
a través de valores como la autorresponsabilidad y el espíritu
crítico". En este sentido, Megías señaló que
hay una corriente incipiente de opinión que apunta a que los jóvenes
piensan que beber a lo bestia es cosa de niños. "Ven cómo
gente de 14 años se emborracha, y ellos ya no lo hacen así.
Empieza a estar mal visto, ya no es signo de madurez, sino de inmadurez".
"Beber es un provocación
controlada de los adolescentes, una escenificación de un conflicto
generacional. Antes se expresaba en política y ahora se ha derivado
al ocio".
El análisis también
resalta que el 94% de los adolescentes dicen que comprar alcohol es fácil
y el 80% se ha iniciado en el consumo antes de los 18 años, a pesar
de que la venta a menores es ilegal. Para los expertos, esta situación
exige un debate colectivo en el que participen las administraciones, la
industria, los educadores y la sociedad.
A modo de conclusión destacan
que los padres se alarman por las abusivas ingestas de alcohol de sus hijos,
algo que los chicos ocultan a sus progenitores. Pero a la hora de actuar
se da una paradoja: cuando son pequeños, los padres consideran precipitado
hablar de los riesgos del alcohol puesto que en casa no se consume. Y cuando
ya son más mayores, asumen como inevitable que lo hagan.
Pero si hablas con cualquier padre
de adolescente te dirá que su hijo no va al botellón, el
del vecino sí. Como padres tenemos una responsabilidad que no debemos
esquivar aunque sea casi imposible dialogar con los adolescentes. Hoy será
más fácil que mañana. No podemos dejar aparcados a
nuestros hijos en cualquier lado y olvidarnos de ellos. El problema del
botellón se arreglaría con una conducta más activa
de los padres. Basta ya de decir que es problema de los niños. Es
problema de los padres que lo toleramos y lo financiamos.

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