TERNURA CON LOS PEQUEÑOS
DE LA CASA.
Los niños necesitan gestos
simples de tolerancia, paciencia y ternura. Para dos minutos y abraza
a tu pequeño.
Los sentimientos en general suelen
ser recíprocos y no es raro que escuchemos decir a alguien que “hubo
química” entre dos personas.
Así como puede darse la química
de manera positiva, transformándose en atracción o interés
hacia otra persona, también puede generarse una situación
negativa que dará origen a un rechazo, aparentemente injustificado,
pero definitivamente real.
Y la verdad es que estas sensaciones
de atracción o rechazo también las experimentan los niños
sin poder evitarlas, porque por último los adultos a través
de la socialización hemos aprendido a manejar un poco el tema y
podemos ser más diplomáticos y medidos en nuestras reacciones,
pero ellos en su inocencia no tienen pelos en la lengua y actúan
naturalmente dejándose fluir.
Ahora bien con el amor sucede algo
muy extraño. Cuando alguien nos profesa amor, verdadero amor, que
no es deseo, ni pasión, ni obsesión, sino un sentimiento
profundo y generoso que no busca recibir sino dar a otro para su bienestar,
no podemos ignorarlo simplemente, de alguna forma nos desconcierta, nos
transforma.
Debemos demostrar el verdadero
amor a nuestros hijos no sólo a través de las renuncias y
los esfuerzos que todos los papás hacemos por nuestros niños,
sino a través de gestos simples de tolerancia, paciencia y ternura,
que para ellos son mucho más evidentes y concretos.
Que corramos después de la
oficina para llegar a la casa antes de que estén durmiendo para
darles un beso o estar con ellos, pierde todo el sentido si llegamos enojados
o apurados a revisar los cuadernos, meter la ropa a la lavadora, a la secadora
o a calentar la comida, si no nos detenemos para abrazar a nuestros hijos.
Un abrazo común toma como máximo dos minutos ¿Acaso
no nos podremos dar dos minutos para estrechar a nuestros hijos?
Especialmente cuando son pequeños,
los niños necesitan el contacto físico para crecer saludables,
todas las personas lo necesitan de hecho, lo que pasa es que con el correr
de los años otras cosas van llamando nuestra atención y llenando
nuestro tiempo.
En esta etapa no es recomendable
que los padres sean extremadamente cariñosos con sus hijos en público,
pues ellos en su inmadurez suelen incomodarse y reaccionar de manera hostil,
pudiendo alejarse momentánea o irreversiblemente. Sin embargo a
los niños pequeños, el que sus padres sean demostrativos
y amorosos en cualquier ocasión, los hace sentirse amados y seguros.
Amor con amor se paga, así
es que si queremos que nuestros hijos sean amorosos con nosotros y con
otros seres humanos debemos darnos el tiempo para demostrarles nuestra
preocupación, incondicionalidad e interés a través
de gestos tiernos y concretos, a través de caricias y abrazos también
y no sólo cumpliendo con nuestros deberes de cuidadores, porque
ser padres es mucho más que eso.

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