NIÑOS HIPERACTIVOS.
El TDAH es uno de los problemas
siquiátricos más comunes en los niños en edad escolar.
El trastorno por déficit
de atención con o sin hiperactividad (TDAH), es un trastorno que
se inicia en la infancia y se caracteriza por dificultades para mantener
la atención, hiperactividad o exceso de movimiento e impulsividad
o dificultades en el control de los impulsos.
Dos de cada tres niños diagnosticados
de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)
lo seguirán padeciendo de adultos: un dato que asciende al 4´5%
de la población madura según la OMS.
El TDAH es uno de los problemas
siquiátricos más comunes en los niños en edad escolar.
Afecta a entre un 7 y un 8% de ellos y, tras descubrirse, comienza a tratarse
de manera combinada –con terapia y fármacos- desde los 6 años.
Además, es muy común
que junto con el TDAH, se produzca trastorno de conducta o la ansiedad,
depresión, retraso madurativo mental, baja competencia social o
trastornos del lenguaje, lo que complica mucho la situación.
Son niños incapaces de permanecer
quietos en un sitio, que hablan mucho y hacen mucho ruido, que no consiguen
mantener la atención, incapaces de esperar su turno y que no suelen
comer bien ni obedecer órdenes.
Se trata de niños que desarrollan
una intensa actividad motora, que se mueven continuamente, sin que toda
esta actividad tenga un propósito. Van de un lado para otro, pudiendo
comenzar alguna tarea, pero que abandonan rápidamente para comenzar
otra, que a su vez, vuelven a dejar inacabada. Esta hiperactividad aumenta
cuando están en presencia de otras personas, especialmente con las
que no mantienen relaciones frecuentes. Por el contrario, disminuye la
actividad cuando están solos.
SÍNTOMAS EN UN NIÑO
HIPERACTIVO
Los síntomas pueden ser clasificados
según el déficit de atención, hiperactividad e impulsividad:
- Dificultad para resistir a la
distracción.
- Dificultad para mantener la atención
en una tarea larga.
- Dificultad para atender selectivamente.
- Dificultad para explorar estímulos
complejos de una manera ordenada.
- Actividad motora excesiva o inapropiada.
- Dificultad para acabar tareas
ya empezadas.
- Dificultad para mantenerse sentados
y/o quietos en una silla.
- Presencia de conductas disruptivas
(con carácter destructivo).
- Incapacidad para inhibir conductas:
dicen siempre lo que piensan, no se reprimen.
- Incapacidad para aplazar las
cosas gratificantes: no pueden dejar de hacer las cosas que les gusta en
primer lugar y aplazan todo lo que pueden los deberes y obligaciones. Siempre
acaban haciendo primero aquello que quieren.
- Impulsividad cognitiva: precipitación,
incluso a nivel de pensamiento. En los juegos es fácil ganarles
por este motivo, pues no piensan las cosas dos veces antes de actuar, no
prevén, e incluso contestan a las preguntas antes de que se formulen.

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