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CÓMO NOS VEN ELLAS /opinión
femenina |
LO QUE NOS QUEDA A LAS SEGUNDAS.
Tras un matrimonio y una buena sentencia
de divorcio, pocos se atreven a repetir.
Mari es la ex de mi “lo que sea”.
Santa, mujer de su casa, de sus compras por las boutiques cada mañana,
de levantarse a las 12, de dos doncellas y una cocinera. Una santa.
La pobre sufrió la desgracia
de que sus padres le casasen con un desaprensivo que no paraba de trabajar
sin prestarle la atención que se merecía. Por fin consiguió
el divorcio y se ha quedado con la casa, una pensión de susto, el
piso de la playa, y un primo segundo que le visita de vez en cuando.
Yo soy malísima, una joven
de hoy en día, me levanto a las 6 para ir a trabajar, me meto en
un atasco que dura horas y llego a fin de mes como puedo.
Pasamos juntos los fines de semana,
pero más no, no hay convivencia y todavía menos matrimonio.
El dice “nunca más”. No es el único que habla
así. También sus amigos, sus hermanos, todos. Todos ellos
desplumados.
Dice que le han engañado
y nunca más se va a comprometerse otra vez, por muy buena que sea.
Al principio pensaba que una se lo ha llevado todo y me he quedado con
los escombros que ella dejó, pero ahora veo que es un fenómeno
social. Ahora los hombres aprenden de sus padres y amigos. Todos tienen
un amigo divorciado o separado y la consigna entre ellos es “juntos
pero no revueltos”. Fidelidad sexual, novios, viajes juntos, pero
más no.
Lo peor es que le comprendo y que
si fuese él no me casaría tampoco, pero en una sociedad en
la que cada vez hay más divorcios y personas que deben rehacer su
vida siendo jóvenes, a lo mejor habría que pensar en un sistema
que no nos vinculase tanto económicamente y que permitiese crear
más familias.

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