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UN POCO DE RESPETO.
La violencia empieza por la falta
de respeto, ya sea activa o pasiva.
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“Nuestro hijo atacó y agredió
a su jefe. Perdió su plaza de formación profesional. Pero
nosotros lo seguimos apoyando porque había algo antes.”
¿Quiénes son los
padres que responden así?. ¿Es siempre la juventud en día
que es mala?
Y siguen: “Su jefe nunca había
dejado de insultarle, encima delante de los otros obreros, lo ofendió
diciendo “pero tú que tienes en la cabeza, nada” o “¿pero
qué gilipollas eres?”. Intentamos convencer a nuestro hijo
que su jefe en realidad no era mal hombre. Pero un día el chico
explotó.“
Los adultos exigen de los adolescentes
que se porten bien y que sean obedientes y que nos respeten, pero al mismo
tiempo los jóvenes se enfrentan a ataques irrespetuosos todos los
días, ya sea en la escuela, en casa o en el trabajo.
Los sicólogos franceses han
hecho una lista para tratar a los niños que podemos resumir en dos
puntos:
1. Cada vez que forzamos
a un súbdito, a un compañero, a un niño para que se
adapte a nuestras exigencias sin tener en cuenta sus propias necesidades
o deseos, favorecemos respuestas violentas, ya que el otro tiene que defender,
consciente o inconscientemente, sus necesidades.
2. Cada vez que se utiliza la autoridad
para imponer nuestra voluntad o para lograr un objetivo sin explicación,
discusión o información hay que tener en cuenta que usamos
a los otros como un pañuelo desechable y esto en sí ya es
un acto de violencia.
O sea, en una frase, fomentamos la
violencia cada vez que tratamos a los otros como cosas. El desprecio y
la negación de la existencia de las necesidades de los otros crea
estrés y violencia.
La violencia no empieza con la paliza
que proporciona una banda a una persona. Se producen ataques todos los
días, palizas entre amigos, en la familia, en el trabajo. La violencia
no es solo lo que hacen los otros, sino también como nos comportamos
en caso de conflictos.
¿Quiénes de nosotros
no discutimos, hicimos daño al otro mediante palabras tajantes,
o reproches interminables?
Lo peor de todo es cuando creemos
saber qué es lo mejor para el otro sin hacerle caso, sin escucharlo.
Sobre todo los padres, que quieren
proteger a sus hijos de malas decisiones, sin darse cuenta que necesitan
aprender de sus errores y que prohibiendo ciertas cosas solamente van a
cosechar incomprensión y desprecio. Los mejores amigos son los que
nos acompañan en nuestra buena y mala suerte, y no los que nos dan
consejos continuamente.
La violencia existe y muchas veces
no podemos hacer nada. Pero según los sicólogos tenemos que
darnos cuenta que en nuestro alrededor sí que podemos influir para
que haya más armonía y más paz.
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Primero hay que concienciarse de los
propios juicios, actitudes, mentalidades y comportamientos.
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Se pueden buscar ocasiones en
las que mostrar respeto a una persona, sin pasar por alto ninguna oportunidad
(se llama también “condicionamiento positivo”, curiosamente se conoce
bien en el adiestramiento bien en la pedagogía, ¿por qué
no iba a funcionar con otros seres humanos?). A medio plazo se condiciona
a la gente a comportarse según su voluntad, pero solamente porque
sienta bien escuchar un elogio.
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No debe hacerse indiferente a la degradación
de personas, ni en casa, ni en el trabajo, ni en la sociedad. Otros lo
llaman coraje civil.
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Intentar comprender, antes que juzgar.
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Se pueden desarrollar las propias capacidades
del contacto humano. En vez de decir “tu comportamiento es muy malo” hay
que explicar “yo me siento ofendido o me duele lo que estás haciendo.”
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Abrirse a los otros, aceptar que entren.
No se trata de aceptar todo, ni de
ser un soñador sin remedio, pero si se puede trasformaren una persona
que fomente la paz o una que evite la violencia. Lo que leemos en los periódicos
es un producto de cientos de actos violentos precedentes.

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