CÓMO NOS VEN ELLAS /opinión
femenina |
TODO SEA POR CAZARLE.
Una jovencita revolucionaria entra
en casa del un ultraconservador.

Me he enamorado locamente y ahora
querría ser la mujer perfecta para mi novio. Como él es
un buen partido y la competencia no duerme, he intentado cumplir todas
sus exigencias. Algo que no es tan fácil como me lo he imaginado…
BELLEZA NATURAL
Lo que a mi novio no le gusta nada
son las mujeres extremamente maquilladas, abundantemente vestidas o recientemente
operadas. Él detesta a las señoras mayores que se visten
como sus hijas o a chicas ridículas con tacones demasiado altos
y faldas muy cortas.
A él le encanta la belleza
natural, una mujer con una elegancia simple.
Bueno, dicho y hecho. Un maquillaje
bueno es cosa de expertos o sea por lo menos una vez me hacía falta
un especialista en “parecer natural”. Además es un arte que no funciona
a las siete de la mañana. O sea, cada dos semanas la cosmética
profesional es obligatoria. Ni hablar de las cremas imprescindibles contra
las primeras y segundas señales de la edad. El tiempo no conoce
la palabra “perdón”. Pero lo haces por la elegancia. Para poder
encontrar la ropa adecuada, decente pero elegante, individual pero no excéntrica.
Tampoco algo que llevan dos mil chicas más en tu ciudad.
INTELIGENCIA
Yo nunca entendí a estas
chicas que están al ladito de su marido, calladita, siempre sonriendo,
pero sin temas, sin chispa y si les pides su opinión acerca de un
tema, no saben decir nada. En eso coincidimos mi maravilloso novio y yo
y cada vez más hombres. Algunos incluso exigen una carrera o estudios
en una escuela prestigiosa. A mí me encanta leer el periódico,
me gusta viajar y hablar de muchas cosas.
Como no coincidimos siempre en nuestra
opinión, surgieron discusiones, ya que ni él ni yo queríamos
ceder. Mi astróloga y mi madre me aconsejaron seriamente que no
insistiese siempre en mi opinión. “La falta de la educación
de la juventud hoy en día no va a ser causa de vuestra separación,
¿o sí?” Claro que no. Yo escucho, lo que pienso es otra
cosa y me callo.
El otro día mi príncipe
azul me pidió que cuando nos encontráramos con su familia
que no empezara una conversación política ya que obviamente
los suyos no comparten mi punto de vista. Como a mí me parece muy
difícil callarme si alguien dice algo que me parece injusto me dijeron
que en este caso una señorita se retira elegantemente a los aseos.
No creo que después de esta cena crean que soy inteligente, lo que
sí creen es que tengo problemas con la digestión.
Me quedaba calladita, pero lo más
importante era que él estuviera contento. Cuando me preguntaban,
desvié el tema o fingí desinterés. Era difícil,
mi príncipe lo notó, porque a veces me decía: “Sonríe,
por favor.”

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