CONTRA LA PROSTITUCIÓN.
LO QUE HAY DETRÁS.
El abuso de personas necesitadas
hace uso hasta de la brujería. Todo esto en el siglo XXI.
En Benin-City, al sur de Nigeria,
el tráfico de mujeres para la prostitución es una industria
boyante. La total falta de expectativas de un futuro medianamente digno
para las jóvenes nigerianas y las remesas de divisas que llegan
a las familias de las que han conseguido llegar a Europa están produciendo
un verdadero éxodo de mujeres -la mayoría menores- hacia
las calles de Roma o Milán, Madrid, Berlín o Burdeos.
El reclutamiento de estas jóvenes
se produce a través de una eficaz red mafiosa que incluye a la madame,
que suele vivir en algún país europeo; al socio local, que
facilitará los falsos documentos y la ruta para el viaje, y al "sacerdote"
o "sacerdotisa", encargados de realizar el vudú a la joven aspirante.
La ceremonia, para la que se utilizarán uñas, pelo y hasta
sangre menstrual de las jóvenes, consiste en establecer un pacto
con los espíritus que incluye el secreto y el silencio absoluto
sobre toda la operación.
A través del pacto-vudú,
el alma de la joven nigeriana queda en manos de esos espíritus que
se vengarán sin piedad si ella pretendiera denunciar su situación
o quisiera escaparse. Así, tras haber contraído una deuda
de unos 50.000 euros que deberá reintegrar a sus proxenetas, las
jóvenes prostitutas de Benin-City quedan atrapadas en una red de
extorsión y miedo para siempre.
Aquí queda un hecho que debe
hacer reflexionar sobre dos cuestiones, la explotación de seres
humanos y la falta de formación de estas personas en África,
lo que les convierte en victimas fácilmente manipulables.

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