PIRATAS DE CANGREJOS
Una noche de verano en la rampa
de un puerto.
Cuando baja la marea en las noches
de verano se ve a las parejas que se deslizan por las rampas de los puertos
hasta el nivel del mar, junto a las pasarelas de los barcos.
Realmente son piratas que fantasean
con robar un barco y escapar. No saben donde escapar, pero no es poco saber
que se quiere escapar.
Van de la mano, con miedo a caer
al patinar sobre las algas de la rampa mojada con un intenso olor a mar.
Cuando van a saltar a la pasarela
para robar el barco aparece una sombra que parece un vigilante del puerto,
pero luego resulta ser un pescador.
Luego ya no roban barcos, sino cangrejos.
Uno de esos cientos de cangrejos que suben y bajan por la rampa del puerto.
Y lo más difícil, cogen cangrejos con una sola mano porque
no quieren soltarse, no pueden separarse, no quieren escapar el uno del
otro.
Y con esto desaparece uno de los
mayores placeres de la vida: una paella en el chiringuito de la playa.
Cuando ponen la paella y reinando en su centro un inmenso cangrejo, uno
piensa si es el mismo cangrejo que ella cogió la noche anterior
de una de sus patas y lo lanzó al mar.
Somos unos piratas de barcos fracasados,
nos hemos quedado sin robar el barco y sin poder comer la paella.
Ni siquiera somos buenos piratas
de cangrejos, porque los devolvemos al mismo mar donde nosotros acabaremos.

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