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HISTORIA - ARTE / Curiosidades históricas.

PICASSO Y LAS MUJERES.
 
Mujeres como unas máquinas de sufrir. El desnudo, la maternidad y los retratos de sus distintas parejas en la obra de Picasso. 

El Museo Picasso Málaga quiso hacer protagonista a la figura femenina en una exposición temporal, “Musas y modelos”, con una selección de sesenta y cinco piezas, entre pinturas, dibujos y esculturas.

Había un total de 45 lienzos, 14 dibujos y seis esculturas fechadas entre principios del siglo XX, cuando su musa era Fernande Olivier, y los últimos años de su vida, que pasó con Jacqueline Roque.

Las modelos de las que Picasso se sirvió fueron, normalmente, mujeres que ocuparon en la vida del artista la doble condición de amante y musa. Algunos expertos opinan que Picasso se refleja en la modelo, confirmación última de su identidad de pintor, y que cada una tiene algo de alter ego del artista, de espejo en el cual se refleja Picasso.

“Musas y modelos” pretendió mostrar al público las múltiples representaciones y evoluciones de la figura femenina personificada en Fernande Olivier, Olga Kokhlova, Marie Thérèse Walter, Dora Maar y Jacqueline Roque en un periodo de tiempo amplio que abarca desde 1906 hasta 1971.

Desde su madre, hasta la joven fotógrafa Dora Maar, pasando por una bailarina rusa, Olga Koklova, la poetisa Geneviève Laporte, la bella y perezosa Fernande Olivier o la mujer que vivió con él hasta el final de sus días, Jaqueline. Todas ellas, hasta un total de trece, se solapan en la existencia del artista y en su obra de forma irremediable.

La historia de Picasso es la historia de todas estas mujeres que le acompañaron, en distintas etapas de su vida.

¿Tenían algo en común estas mujeres?. Le amaron, le odiaron o le dieron hijos. ¿Es cierto que cada mujer que conoció le afectó de tal manera que supuso un cambio de estilo en su pintura?. ¿Llegó a amarlas?.

Sensuales o carnales, temperamentales o serenas, en distintos estilos, desde el realismo al cubismo, estas mujeres no se limitaron a posar, sino que, a través de la mirada del artista, adoptaron un papel activo en su creación y se convirtieron en fuentes de inspiración del hombre que las pintó, las reinventó y seguramente las amó.

Todas las mujeres, en un primer momento, produjeron en él un entusiasmo creativo, casi febril. Las pintó compulsivamente aunque, como en una ocasión confesó, cuando se acostumbraba a los rasgos de una mujer, le resultaba difícil domar la mano para expresar las facciones de la nueva amante.

A través de los rostros de sus mujeres se lee el estadio por el que pasaba la relación. Generalmente las fisonomías femeninas se desfiguraban distorsionándose, incluso se rompían, a medida que la relación se prolongaba, y, por tanto, comenzaba a agotarse el amor.

Todas sus amantes o mujeres fueron objeto de su arte, de su búsqueda permanente, y a través de sus retratos podemos conocer los sentimientos que éstas le inspiraban, en qué estado de ánimo se encontraba, cuán feliz o desgraciado le hacían o se sentía él a su lado. Cuando la relación se iba deteriorando, la imagen pictórica de la amante se desfiguraba, se transformaba, dejaban de ser dignas, de ser miradas con asombro, para ser vistas con estupor, cuando no con cierta sensación de dolor, de malestar atormentado y, por fin, de hastío.

LO QUE SE HA ESCRITO

Paula Izquierdo escribió “Picasso y las mujeres” para mostrar como Picasso ejerció todo su poder y todo su desprecio con sus trece esposas, novias y amantes, todas las cuales pasaron por el lienzo, y luego fueron destruidas en carne y pintura.

Para Pablo Picasso, las mujeres eran unas máquinas de sufrir.

Si hay algo que determina la personalidad de Picasso es su afán ilimitado por experimentar, no sólo con la pintura, sino también con el ser humano. Sobre todo si éste tenía forma de mujer.

La hipótesis de Paula Izquierdo es que Picasso mantuvo este tipo de relaciones con sus esposas y amantes dentro de un contexto de principios de siglo XX, en el que las mujeres dependían mucho de los hombres y en el que él tuvo un trato brutal con sus parejas, pero ellas también lo permitieron. Lo que es seguro, agrega, es que hoy Picasso no hubiera podido tratar así a las mujeres, habría tenido que buscar otras estrategias de seducción más allá del maltrato y la destrucción.
 
 

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