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PÉRDIDA DE VALORES.
Poner en valor la palabra dada.
Carta de un lector.
Acabo de leer una carta de otro
lector relacionada con su cincuenta aniversario de bodas. Yo participo
de la misma suerte, aunque acabo de enviudar. Y digo suerte porque ni mi
hijo ni mi nieto han superado un tiempo razonable de convivencia, casi
se han separado antes de casarse.
Posiblemente los que hablamos del
amor con este agradecimiento pertenecemos a otras épocas que se
desvanecen, pero no puedo olvidar el día en que pedí permiso
a mi padre para casarme, porque en aquella época los padres tenían
la última palabra. Ese día, cuando estábamos los dos
solos por la noche, me preguntó si estaba realmente enamorado y
le contesté que sin ninguna duda. Me dijo, "entonces hijo,
recuerda poner siempre en valor la palabra dada".
Me ha venido a la memoria este consejo
escuchando la presentación de su último libro por el escritor
José Ignacio García, que con mejor acierto que mis torpes
palabras describe su obra con unas palabras que ya me gustaría haber
pronunciado:
“Es una historia de amor, pero
sobre todo, esta novela es un libro anacrónico. Defiendo en este
libro valores como el amor eterno, la fidelidad absoluta, el compromiso
adquirido por encima de todo, la palabra empeñada aunque la tengas
que llevar a extremos de jugarte la vida cuando la das, o renunciar a cosas
por mantener esa palabra. Son sentimientos que hoy en día están
un poco en desuso, en contra de lo que hoy impera como el amor libre, la
promiscuidad, la falta de validez en tu palabra. Sin llegar a ser moralista
he pretendido demostrar que esos valores pueden seguir vigentes.”

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