MEJOR LEJOS QUE EN LA RUTINA.
Una pareja que vivió separada
durante años.
Mi mujer era funcionaria en Bruselas
mientras que yo ejercía mi profesión en Madrid. A pesar de
la distancia nos casamos y tuvimos tres hijos. Mi mujer y los niños
vivían en Bruselas y yo iba y venía cada semana.
No había tiempo para la monotonía.
El tiempo que estábamos separados nos los pasábamos colgados
al teléfono. Los encuentros eran tan breves que solo había
tiempo para disfrutarlos.
Creíamos haber tocado el
cielo con las manos y forcé a mi mujer a aceptar un puestazo en
Madrid.
Ya en Madrid, con los niños,
caímos en la peor enfermedad de la pareja, la rutina. El no valorar
que el otro está a tu lado. El no tener que hacer planes para verse
porque el otro siempre está a tu lado.
A los dos años de estar en
Madrid me pidió el divorcio. Se lo di sin preguntar, con la certeza
de que no era por otro, sino porque yo ya no era el hombre que sacrificaba
todo su tiempo en los aeropuertos para poder pasar un momento sin ella.
Me había convertido en el necio que cuando escucha a su mujer dice
¡otra vez aquí esta pesada!.

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