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¿EL MEJOR PADRE DEL MUNDO?.
Desgraciadamente basado en hechos
reales.

Las segundas partes suelen ser peores.
Así es en mi caso. Leo que los hombres “exigen más derechos
como padres”, se quejan que no deben estar con los niños cuando
quieren. No me lo creo.
Para mí mi marido era el
único, el primero y quería que fuese el último. Todavía
recuerdo las campanas cuando nos casamos, hasta hoy es uno de los días
más felices de mi vida. Dos niños. Yo siempre fuí
feliz. Los niños crecían, iban al colegio. Delante de nuestra
casa hay una carretera enorme, peligrosa. Todos los días los acompañé
a la parada del autobús, no quería que la cruzaran solos.
A veces le pedí a mi marido que lo hiciera él, cuando no
tenía tiempo o cuando estaba enferma. Siempre se negaba. Para él
no era necesario. Y me pregunté “si no lo haces por mí, ¿Por
qué no lo hace por sus hijos?”.
No cuento todo lo que pasó
entre nosotros. Yo le pedí a él el divorcio. Él nunca
quería tener a los niños. Los niños lloraban, preguntaron
por qué papá se iba y él dijo: « Porque vuestra
madre lo quiere.” Le ofrecí que se llevase a nuestro hijo.
Él no quería. Quería ser libre. Eso nunca se lo he
dicho a mi hijo.
Se mudó a otra ciudad. Paga
una renta a los hijos, unos 400 euros al mes para cada uno, pero yo le
pago el dinero que él invirtió en la casa. Mi hijo está
en plena adolescencia. Sus profesores dicen que le falta el padre. Ya no
quiero llamar a mi ex marido para pedirle que se ocupe de su hijo. Pero
mi hijo sufre y aunque no lo exprese abiertamente, los adolescentes tienen
su manera de comunicarlo.
El otro día mis hijos llamaron
a su padre para preguntarle cuándo tenía tiempo para ellos.
Dijo que no lo sabía. Mi hija se lo exigía, dijo “papá,
pero quiero verte otra vez”, y él le respondió: “Yo no
siempre tengo tiempo cuando a ti te apetezca. Yo tengo mi propia vida.”
Al principio mis hijos me reprochaban
porque había pedido el divorcio. Discutía mucho con ellos.
Ahora ya no digo nada, tampoco hace falta. Se dan cuenta ellos mismo. Afortunadamente
ya no son tan pequeños.
Navidades de hace dos años.
Quedamos en que mi ex marido vendría para recoger a los hijos para
pasar la Nochebuena y algunos días después con ellos. Ellos
ya tenían mucha ilusión, todo el mes de diciembre no hablaban
de otra cosa. Para mí no era tan dificil, la primera Navidad sin
mis hijos, pero pensé que era importante para ellos pasar algún
rato con su padre. El 23 de diciembre sonó el teléfono. Era
él. No quería hablar conmigo, sino con mis hijos. Primero
habló con mi hija. Duró 2 minutos, después se fue
corriendo y llorando a su habitación. Mi hijo le dijo algunas cosas
a voces. Él no lloró pero era yo quien tenía que
aguantar su furia y su decepción.
Hemos tenido un tiempo difícil,
sobre todo mi hijo y yo. Vamos a una sicóloga, pero ella dice que
todo está bien. Que tengo dos hijos estupendos. Afortunadamente
tengo un padre y un hermano maravillosos que asumen el papel masculino
en la vida de mi hijo. Con ellos se abre un poco y les cuenta cosas que
a mí nunca me contaría. Mi hija todavía llama y visita
a su padre, ella es muy cariñosa. Pero cada vez menos. Ahora ya
no me exigen nada. Saben que si quieren - por mí - siempre pueden
visitar a su padre. Lo que pasa es que él no quiere. Estoy muy bien
y más o menos joven, pero no sé qué pasaría
si algún día cayese enferma y ya no pudiese ocuparme de mis
hijos. Y ni menciono la vida cotidiana. ¿Quién escucha las
quejas de las profesores, quién lucha por que hagan los deberes,
y quién lucha semana por semana que recojan su habitación?.
¿Y quién no tiene tiempo para encontrarse con sus amigos,
ni hablar de encontrar una nueva pareja?.
El tiene su vida propia. El acaba
de casarse otra vez. Los niños estuvieron en la boda. Después
me contaron que mi hijo tuvo allí su primera borrachera y que lo
llevó muy mal.
Yo no pregunto ¿dónde
estaba cuando yo lo necesitaba?, sino ¿dónde están
los padres cuando los propios niños les llaman?.

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