SÉ QUE ME VIO Y DIJO “PADRE”.
"Lo agarré en mis brazos
y salieron insectos de su boca. Intenté animarlo, pero él
apretó los dientes y murió".

Un joven de quince años estaba
en una zona de selva muy tupida y de difícil acceso en Presidente
Figueiredo, municipio situado a unos 100 kilómetros de Manaus, la
mayor ciudad de la Amazonía brasileña. Se distanció
de los dos amigos con los que había salido a cazar y se perdió.
En total estuvo perdido durante cincuenta días.
Los socorristas le buscaron intensamente
en la selva durante veinte días, tras los cuales abandonaron, pero
el padre, Edilson Avelino dos Santos, un agricultor de cuarenta años,
no perdió la esperanza de encontrar vivo a su hijo y contrató
a dos guías con amplia experiencia con los que se adentró
en la selva.
Cuando se cumplían los cincuenta
días, el padre encontró a su hijo cerca de un río.
El joven estaba tendido en el suelo,
descalzo, deshidratado y con heridas en la cabeza y la espalda. Estaba
a unos 67 kilómetros del lugar en el que lo habían visto
por última vez, pesaba unos 20 kilos menos que antes de extraviarse.
El padre corrió hacia su
hijo pero ya era tarde. "Lo agarré en mis brazos y salieron
insectos de su boca. Intenté animarlo, pero él apretó
los dientes y murió".
Después colocó el
cuerpo de su hijo encima de un árbol para evitar que se lo comieran
los animales.
El padre contó que nunca
perdió la esperanza. Cuando le preguntaron si pudo hablar con su
hijo, contestó que balbuceó cosas que no entendió,
el chico estaba agonizando. Y añade, pero sé que me
vio y dijo “padre”.
Después .., ya no hay después
para un padre, pero hay que seguir.
Sé que me vio y dijo
“padre”.

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