LO QUE NUNCA HAY QUE HACER
Rabietas, cuernos y flema británica.
Lo que nunca hay que hacer es dejarse
llevar por los nervios. Y la razón principal es porque hay situaciones
que generan tal sensación de impotencia que no se superan.
Un marido se imaginó lo que
estaba pasando y fingió un viaje de negocios. Por la noche aparcó
el coche frente a su casa y esperó. Como se temía llegó
un hombre. Vio desde el coche como se apagaban las luces de la casa y subió.
Se encontró la escena que esperaba encontrarse y montó un
número que por fortuna no acabó demasiado mal.
Lo que sí hay que hacer es
no perder la calma, porque una cosa es perder a la persona amada y otra
muy distinta es perder la autoestima.
Recordamos aquella célebre
película en que un Lord inglés descubre a su mujer en el
Rolls con el chofer. Manda al chofer ocupar su sitio y se sienta junto
a su mujer mientras que ella se coloca la falda. Le manda al chofer que
les lleve a su casa. Al llegar llama al secretario y le ordena: llama al
abogado para que despida al chofer, luego que presente una demanda de divorcio
contra mi mujer y, lo peor de todo, que venda el Rolls.

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