EL PODER DE LA MÚSICA
EN EL CEREBRO.
Los pacientes a los que un ictus
afectó unos de los hemisferios cerebrales, no solo mejoraron su
memoria verbal y su atención, sino que sufrieron menos trastornos
del ánimo.
Según los resultados de un
estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS),
realizado por investigadores británicos, entre otros centros del
Imperial College, y españoles, de la Universidad de Granada, el
60% de las personas que sufren un ictus pierden, en mayor o menor grado,
parte de la visión. Esta secuela se conoce como síndrome
de negligencia visual. Pues bien, escuchar una música preferida
En el síndrome de negligencia
visual el ojo no ha sufrido ningún daño, sino que se trata
de un problema de percepción. Si el ictus afecta al hemisferio izquierdo,
el daño cerebral hace que el paciente no sea capaz de prestar atención
a los estímulos que se presentan en su campo visual derecho.
El estudio se ha realizado con tres
pacientes que escogieron su música preferida: Kenny Rogers, Frank
Sinatra y The Flying Burrito Brothers. Mientras escuchaban su melodía,
se les presentaban objetos o imágenes situados en su lado afectado
(derecho o izquierdo) en diferentes situaciones (en un ordenador, en papel,
en una habitación).
Según los investigadores,
escuchar una música que agrada permite movilizar más recursos
neurológicos. Estimula las zonas del cerebro relacionadas con las
emociones. Una de ellas es la zona orbitofrontal que, al mismo tiempo,
incide en otras regiones dañadas relacionadas con la atención
y la consciencia visual, en el lóbulo parietal y occipital.
Otro estudio realizado por la Universidad
de Helsinki, publicado en la revista Brain, con 60 personas que acababan
de sufrir un ictus, demostraba una mejor rehabilitación entre los
pacientes que inmediatamente después del accidente vascular escucharon
música a diario.

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