CAMBIO UNA DE CINCUENTA POR DOS
DE VEINTICINCO.
Vuelve el debate tras descubrirse
que, a diferencia de otras especies, los chimpancés las prefieren
maduras.
Con este título “cambio una
de cincuenta por dos de veinticinco”, Fernando Schwartz nos abría
con su libro un mundo de fascinación por la mujer adulta, inteligente,
bella y atractiva.
Ahora vuelven a surgir las dudas,
y son muchos, los que después de un atracón juvenil, vuelven
a descubrir la belleza serena y el saber estar de las mujeres adultas.
Pero lo curioso, y ejemplo del mal
gusto reinante en televisión, es que el debate llegue a los programas
televisivos en relación con que los chimpancés machos prefieren
principalmente acoplarse con hembras maduras, según un artículo
que publica este martes la revista Current Biology de un grupo de investigadores
estadounidenses que observaron a estos grandes simios en África.
El antropólogo Martin Muller
de la Universidad de Boston y sus colegas basan su conclusión en
el análisis de varios años de observaciones de los chimpancés
en el bosque de Kibale (Uganda).
Al contrario de lo que pensaban
inicialmente a partir del comportamiento de la especie humana, en la que
las mujeres jóvenes se benefician generalmente de un poder de seducción
muy superior al de las mujeres mayores, en los chimpancés ocurre
a la inversa.
Los autores del estudio reconocen
que las razones son difíciles de conocer 'por el momento'.
Una hembra chimpancé alcanza
su madurez sexual a los 10 años (el macho lo hace aún más
tarde) y lo manifiesta con una protuberancia rosa alrededor de sus genitales.
Durante el celo, exhibe un gran globo rosa cuya vista excita a los machos.
Cada macho puede, en principio,
reproducirse con cualquiera de las hembras, que no dudan en conceder sus
favores a hasta media docena de compañeros sucesivos, durante unos
15 ó 20 segundos cada uno, que se colocan en fila india para esperar
su turno.
En esta competición, la única
oportunidad para un macho de convertirse en padre parece residir en...
la cantidad de espermatozoides producidos en estos encuentros por sus testículos,
cuatro veces más voluminosos que en el ser humano.
Pero Martin Muller y sus dos colegas,
Melissa Thompson y Richard Wrangham, de Harvard, demuestran que las relaciones
sociales, muy complejas en general, tienen un papel más importante
de lo que se piensa, incluso en las relaciones entre macho y hembra.
'Dando por hecho que el hombre y
el chimpancé evolucionaron a partir de un antecesor común,
la preferencia masculina por las hembras jóvenes es un rasgo humano
derivado, debido probablemente a la tendencia a formar parejas a largo
plazo', afirman.
Pero quizá, somos más
chimpancés de lo que creemos y no lo decimos por la televisión
que vemos, que también.

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