NO
LE GUSTÓ MI PASADO.
El problema era el amor.
Yo estaba ya en mis treinta. Tenía
ya mis experiencias. Había estado casada. Una experiencia entre
otras. Otros lo llaman fracasos, a veces por mi culpa, a veces por la de
otros. A veces sólo por placer.
Le conocí y nos enamoramos.
Locamente y sin límite. Nunca antes habíamos sentido algo
parecido. Lo podíamos decir porque ya no éramos adolescentes.
Hablábamos de todo. Teníamos confianza. Se lo conté
todo y él a mí. Hablábamos de una vida juntos, de
niños. Él ya tenía una hija.
Con el tiempo empezó a decir
que sufría mucho por mi pasado. Me reprochaba que yo ya hubiera
vivido con otros, que hubiese diferenciado el sexo del amor. Decía
que lo comprendía, que eso era normal hoy en día, pero él
no podía aceptarlo. Me dolía mucho. Los dos sufríamos.
Y luego las noches. Él me
decía que nunca había sentido tanto amor y que nunca había
tenido una vida sexual tan plena como conmigo. Luego venían los
reproches. Para él mi vida anterior era la vida de una mujer
que su orgullo no podía aceptar.
Me decía que cerraba los
ojos y me imaginaba entregándome en brazos de hombres que se sucedían
en mi vida, sin sentido, sin respeto a mi misma. Me decía que no
podía aceptarlo.
Me dijo que si él no me podía
aceptar tal y como era yo, que le dejase. Tenía razón. Pero
el problema era el amor.
Al principio le hizo gracia una
mujer que se arregló la vida ella sola. Mi trabajo, mi vida. Le
gustaba como pensaba y me decía que nunca había sido tan
feliz como conmigo.
Mis amigas me dijeron que ese tipo
de hombres solamente conocen a dos tipos de mujeres: “santas o putas”.
No vale tu carácter, ni tus intereses. Solamente tu aspecto físico
y. sobre todo, tu pasado. Que tuviese cuidado con él. Que lo dejase
en ese mismo momento. Tenían razón. Pero el problema era
el amor.
Nadie nunca me ha dicho cosas más
cariñosas que él. Decía que le gustaba mi cuerpo y
que era una mujer interesante. Pasábamos días y noches en
museos y conciertos, nos gustaba la misma música. Yo jugaba con
su hija, en esas ocasiones el no me podía mirar sin llorar.
Mis padres me decían que
fuera, en el mundo, la mayoría de los hombres era diferente. Que
huyese. Tenían razón. Pero el problema era el amor.
No creo que todo fuese mentira.
Yo le di todo, y más que eso. Todo era nada. Solamente valía
mi pasado.
Pero el problema era el amor.
Richard Burton dijo una vez: “El
amor es el grado más alto de la tolerancia. Tolerancia hasta el
exceso. Si quieres a alguien sinceramente y de verdad, a tu hijo, a tu
mujer, tienes que amarlos a pesar de sus errores. Tienes que amarlos aunque
se hagan asesinos. Esto y solo esto para mí es el amor."

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