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MORIR A LOS 100 AÑOS.
Los dos dejaron España para
hacer las américas, compartieron la riqueza, la pobreza y casi un
siglo de convivencia. Su hijo se queda con el mejor de los recuerdos: “nunca
les vio discutir”.
José Fernández, de
107 años, natural de Grado (Asturias), ha perdido a su esposa y
madre de sus hijos, Manuela González, natural de Lugo, fallecida
a los 104 años, en la habitación que ambos compartían
en una residencia de ancianos en el Bronx neoyorquino.
El único hijo que vive de
los tres que tuvo el matrimonio, José Fernández González,
siquiatra en Nueva York, ha contado en la prensa la historia de amor de
sus padres para reivindicar para ellos el reconocimiento de matrimonio
más longevo del mundo.
José y Manuela se casaron
en 1933, hace 74 años, en La Habana y pusieron en marcha un negocio
compartido, José Fernández Decoración, con el que,
según su hijo, acumularon una fortuna equivalente a 60 millones
de euros de la actualidad. Aquella historia de amor y lujo acabó
por donde había empezado, arruinados por las expropiaciones. Rehicieron
su vida en Estados Unidos.
Se acabó la prosperidad,
pero no lo importante. Su hijo dice que en Nueva York empezaron de nuevo
de cero, trabajando en lo que sabían, la decoración, y fieles
siempre a un proyecto vital compartido. Así durante 74 años.
Desde que se jubilaron vivían en el mismo cuarto de un asilo del
Bronx con una pensión del Gobierno estadounidense.
Su hijo se queda con el mejor de
los recuerdos, asegura que jamás los vio discutir. Ahora intenta
consolar a su padre, que con 107 años tiene la desgracia de mantener
vivos todos sus recuerdos.

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