EL OTRO LADO DE LA MONEDA.
El miedo masculino a la familia.
La sociedad se queja de que
los hombres de hoy en día rechazan comprometerse y formar una familia,
pero el otro día se me abrieron los ojos, mejor los oídos.
Estaba un grupo de amigas a mi lado
en un bar y una anunció que su novio/amigo/ como se diga/, con el
que convivía desde hacía tres años, le había
propuesto casarse y formar una familia. Todas empezaron a felicitarla,
pero ella dijo “muy seria”: yo no soy tan irresponsable como para formar
una familia con un mujeriego. ¿Qué sería de mis hijos?.
Pero vamos a dar la vuelta a la
tortilla. ¿Cuántas mujeres comprenderían a un
hombre que rechaza el matrimonio por las mismas razones que ésta
mujer?. ¿O sería un machista incomprensivo y represor de
la libertad femenina?.
El grupo de amigas, después
de felicitar a esta mujer por lo acertado de su decisión (y yo
como oyente cotilla le felicito igualmente) empezaron a criticar a
un hombre que había dejado a su novia/amiga/con la que vivía/a
saber/ porque descubrió un par de escapadas y porque alguna noche
volvía a casa pasada de copas. ¿Pero no es lo mismo?, me
preguntaba yo mientras no dejaba de pedir copas para no perderme la conversación
que se alargaba y alargaba, porque las mujeres tienen el don de poder hablar
durante horas diciendo lo mismo y sin cansarse. ¡Será machista
el pedazo cerdo!. ¡Qué cerdo ese machista!.
Me vino a la memoria el chiste de
la madre a la que le preguntan qué tal sus hijos y responde. Pues
mi hija bien, cuida de la casa, el marido le lleva el desayuno a la cama,
le ha regalado un cochazo… pero hay mi pobre hijo, ha tenido la desgracia
de dar con una mujer que no quiere trabajar fuera de casa, que obliga a
mi pobre hijo a llevarle el desayuno a la cama y a comprarle un cochazo…
Si las mujeres aceptan que una mujer
no se atreva a formar una familia con un hombre que no tiene las cualidades
para ser el mejor padre de todos, por qué no aceptan que a nosotros
nos suceda lo mismo.
Al final los tiempos pasan, pero
siempre es la misma historia que se repite incesantemente, llega un día
en que se piensa en tener hijos, y ese día se deja de mirar a la
pareja como compañía y se la juzga como padre o madre. Ese
día cambian los esquemas y es cuando las niñas dejan al novio
de la discoteca y se casan con el cajero del banco, y viceversa.

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