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CÓMO NOS VEN ELLAS /opinión
femenina |
HISTORIAS DE MARIDOS.
'Un marido no es solo una pareja
sexual, es el hombre con el que la mujer puede conversar entrañablemente',
dice Ángeles Mastretta autora de “Maridos”.
"Para mí, un marido no es
solamente una pareja sexual, es el hombre con el que la mujer puede conversar
entrañablemente, y eso significa hablar de todo lo que les pasa
a ambos, de los acuerdos explícitos e implícitos que hacen
las parejas sobre la forma como viven y como responden en la vida ante
distintas situaciones. Por ello, quise que la historia que sirve de abrebocas
a estos cuentos sobre parejas fuera la de Julia Corzas, una mujer que realmente
tiene o tuvo un marido por el hecho mismo de que conversa con él",
asegura la autora.
"Un marido significa mil cosas.
Justamente escribí un libro para contestarme poco a poco y de un
modo y otro a esa misma pregunta". "Uno suele soñar para sí
mismo cómo hubiese sido su vida si en un momento hubiese decidido
cambiarla. Y a eso es a lo que he tratado de responder con Maridos".
La protagonista es Julia, que se
encuentra regularmente con su tercer marido para jugar una partida de ajedrez
y conversar. Nunca hablan de su relación, pero mientras ambos mueven
las fichas del tablero ella se dedica a contarle historias de amor, abandono,
olvido, traición y desamor de otras mujeres.
Es así como Julia desarrolla
una serie de cuentos independientes que se articulan porque todas ellas
han tenido o tienen marido y el acontecimiento central que define cada
uno de los relatos muestra el modo en que ellas se definen frente a los
hombres, se acompañan, viven y sobreviven a ellos.
Son historias de maridos infieles
que nunca se cansan de traicionar, mujeres profundamente enamoradas que
jamás se cansan de perdonar, viudas que fantasean con ser felices,
novios que van y vienen, y esposos que todavía logran sorprenderse.
En una reciente entrevista de Ángeles
Mastretta habla de los secretos que esconden las parejas, de la aparente
transparencia de los hombres y del ocultamiento de las mujeres. "Todos
de una u otra manera vamos albergando secretos a lo largo de nuestra vida.
Yo los tengo". Habla de la soledad de algunas mujeres, de los malos maridos
"de los que hay que salir huyendo" y de su facilidad para huir de los conflictos
"hay veces que es mejor que las malas situaciones no te agarren. No es
bueno quedarte atrapado".
“Creo en la alegría como
algo que se busca, como una actitud de agradecimiento porque uno está
vivo. Muchos de mis finales felices los personajes los buscan, a lo mejor
no duran para siempre, pero caminan hacia allá”.
“Uno tiene que ser fiel a sí
mismo. Yo quiero contar historias de sobrevivientes; sé que a esa
misma historia podría convertirla en una catástrofe, pero
no quiero. No tengo ganas de escribir de malas personas, no quiero”.
¿Cuál sería
su consejo para librarse de un mal marido?. Ángeles Mastretta responde
directa “Salir corriendo... Hay que hacerse de una fortaleza interior.
Muchas mujeres siguen viviendo con sus maridos cuando no los soportan porque
tienen miedo; no digo que haya que ser valiente en todo, pero hay asuntos
cruciales donde si uno es valiente una vez, la pasa menos mal el resto
de sus días. Yo no tengo para nada la teoría de que todos
los hombres son malos y las mujeres buenas; me parece que todos tenemos
matices, pero me resulta muy difícil entender a alguien que vive
con un hombre golpeador y no sale corriendo”
“He empezado a compadecer a una
parte de los hombres. Veo a mi hijo Mateo, que tiene 25 años, y
a las niñas de su edad; la mayoría, no todas, aunque vayan
a la universidad, están esperando que un hombre las mantenga. Yo
lo veo y digo: ‘Pobre, si le gusta una de esas niñas, ¿qué
va a hacer?, porque no tendrá sólo que cargar consigo mismo,
tendrá que hacerse cargo de que esa niña viva como vive,
¡qué agobio!’. Veo también que las mujeres que están
dispuestas a tener un destino —me pasó a mí con muchos hombres
antes de dar con Héctor—, a lidiar con el mundo, a ganarse la vida
y a no depender de un hombre, tienen una bronca grandísima. Hay
muchas mujeres de 35 años que no tienen pareja porque caminaron
de más, ¡qué horror! Lo difícil es que esos
hombres y esas mujeres que se necesitan están dispersos, no necesariamente
se encuentran”.
“Peleo por la armonía interior,
y por el deber de que la gente que tengo cerca sea lo menos infeliz posible.
Hay otras batallas que ni siquiera vale la pena dar: querría tener
30 años y sentir como siento ahora, pero eso es imposible; entonces,
hay que dar la batalla contraria: soy la que soy, siento como ahora, y
me arrugo y ni modo, pero tengo otros prodigios”.
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Entrevistas concedidas a el País
y la Opinión, entre multitud de medios que se han hecho eco de este
libro.

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