ESTAMOS ETIQUETADOS.
Las marcas y el estatus social.
Es un caso real: dos ejecutivos
se suben a un coche. El acompañante se baja y se acerca a la parte
delantera. El otro le pregunta qué sucede y este responde sin miramientos:
nada que no había visto la marca.
Tras conocer la marca ya casi ha
etiquetado al otro. Dentro del coche no tardará dos semáforos
en preguntarle dónde vive y dónde pasa las vacaciones.
Ya le tiene fichado, ya sabe si
le merece la pena o no la relación.
Nos dejamos etiquetar por las marquitas
de las camisas, de los coches por la zona en la que vivimos, y ¿a
quién le importa?.
Otro día se repite la misma
situación y le preguntan ¿de qué marca es tu coche?.
Responde: ¡Ni idea acabo de robarlo!.

|