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CÓMO NOS VEN ELLAS /opinión
femenina |
¡MANOS FUERA!.
Carta de una lectora.
Tras un divorcio una no tiene ganas
de nada, así que me dediqué a salir a merendar con mis amigas,
hasta que caí en la cuenta de que ni siquiera mi madre tenía
edad para tanta meriendas, así que empecé a salir con algún
hombre.
Realmente me apetecía después
de tanto café con croissant, pero no habíamos acabado de
cenar cuando empecé a sentir la mano temblorosa que me pasaba por
la espalda. Me dije menudo pulpo y le rechacé. Consecuencia, no
me volvió a llamar. Con otro lo mismo, tras tres salidas quitándole
la mano, despareció.
Entre merendar con las amigas y
salir con un hombre debería haber un punto intermedio: una relación
de amistad sin manos en la que cada uno se paga su cena. Pero no es cierto,
la amistad entre un hombre y una mujer es otra cosa, salvo excepciones
que desconozco, y más tarde o más temprano, esa mano del
pulpo o de la pulpa aparece por la espalda y pide más.
Así que me pregunté
qué quiero, quedarme a mi edad esperando a mi príncipe azul,
pasar el rato con estos pulpos que no quieren ningún compromiso,
seguir merendando hasta que se extingan los croissant de la faz de la tierra.
A cierta edad se nos escapa la paciencia y nos cuesta aceptar que hemos
salido de una vida a la que pertenecemos. Además la soledad se hace
insoportable los fines de semana. Hace tantos años que sólo
me toca mi marido que ahora, cada vez que aparece un pulpo me parece un
insulto, pero es que mi marido ya no es mi marido y anda con una jovencita...
¿dónde estoy?.

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