MANOLO EL DE BURRIANA
¡No me llames Manolo!
No nos referimos a los manolos y
manolas de Goya, sino a otros más recientes.
Cuando llegaron los primeros turistas
a Españas había que simplificar y las rubias eran todas suecas
y los hombres españoles con nombres complicadísimos eran
todos Manolo. A lo sumo tenían apellidos para diferenciarlos: Manolo
el de Burriana, Manolo el de Torremolinos, Manolo el de Benidorm ..
Michener, en su libro Iberia, cuenta
con todo detalle la evolución de estos Manolos ante las primeras
suecas y el cambio social que produjeron. Describe un caso muy curioso
de un Manolo que era el director de una sucursal bancaria de Madrid, que
cada verano se dejaba crecer la barba, se iba a Torremolinos y se hacía
pasar por un marinero. Cuando Michener le preguntó por el cambio,
se lo contó a cambio de guardar secreto en Madrid. La razón
era que no hay nada de romántico en un oficinista y mucho en un
marinero, al menos para las suecas.
Los primeros Manolos tenían
sus diferencias, como en todo. Algunos tenían burro, que era muy
apreciado para subir las cuestas de la playa de Burriana durante el verano.
Luego se modernizaron con las motos derbis tricampeonas.
De aquellas relaciones de Manolos
hubo descendencia y en cierta ocasión una asociación de madres
de un país nórdico pidió al gobierno español
una ayuda para la educación de sus hijos. Por desgracia no se supo
corresponder con al menos unas vacaciones pagadas en Benidorm.
Hay una pareja que se conocieron
en aquella época. Pero el amor de verano permaneció porque
la sueca volvía y el Manolo iba a ver a la sueca. Ya hace tantos
años que ni se acuerdan, pero ella le sigue llamando Manolo y él
no deja de pedirla que le llame por su nombre. Seguramente cuando le llama
Manolo le recuerda en Burriana y cuando le llama por su nombre le ve como
lo que es, un oficinista nada romántico que quiso ser marinero.

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