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Muchas historias para decirte
que yo te quiero más.
> Un hombre sólo es realmente un hombre cuando lo da todo por una mujer.
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LAWRENCE DE ARABIA IDEALIZADO
POR ANDRÉ MALRAUX. “UNO NO APRENDE
A MORIR”.
ANDRÉ MALRAUX André Malraux (París, 3 de noviembre de 1901 - Créteil, 23 de noviembre de 1976), Tuvo una infancia pobre y a los dieciocho años dejó los estudios haciéndose un dandi obsesionado con la elegancia. Al poco tiempo conoce a una judía rica, la escritora Clara Goldsmidt. Ese mismo verano del 21, la pareja se marcha a Florencia, desde donde telegrafían su noviazgo a la madre de ella y a Venecia. El 21 de octubre se casan en París y salen para Estrasburgo, Praga y Viena. Viven de la edición de textos ilustrados y de la especulación bursátil. De paso convence a su mujer para invertir la dote de boda en acciones de una compañía minera mejicana que no tarda en quebrar. ¿Qué hacer?. Pues irse y se van a robar piezas de arte jemer en Camboya. En 1923 se embarca con su esposa y su amigo de infancia Louis Chevasson hacia Saigón y desde allí se dirigen a Phnom Penh. En el templo abandonado de Banteay Srei, ubicado en el área de Angkor arrancan varios relieves, pero son descubiertos y detenidos por las autoridades coloniales. Parte de estos hechos inspirarán su tercera novela, La vía real. Fue juzgado en Saigón y condenado a prisión en 1924, pero no llegó a cumplir condena porque Malraux aprovechó las sesiones del juicio para, irónicamente, llamar la atención sobre la falta de protección del patrimonio arqueológico francés, además de provocar la movilización de sus amigos intelectuales en Paris. Clara y André se divorcian en 1937. Luego participó en la guerra civil española y más tarde en la segunda guerra mundial, en la que es hecho prisionero por los alemanes y logra escapar. Unos años después inicia una relación con la también escritora Josette Clotis, quien fallecería de accidente en 1944. ANDRÉ MALRAUX ANTE LA MUERTE. Malrux fue víctima de varias tragedias personales, perdió a su esposa Josette Clotis y a sus dos hijos. Josette murió atropellada por un tren. Años después perdió a sus dos hijos varones en un accidente de carretera y con los años rompería relaciones con su hija porque ésta firmó un manifiesto a favor de la insumisión en Mayo del 68 mientras el es ministro. A poco tiempo de la muerte de su esposa fue entrevistado en relación a su obsesión por la muerte y su opinión sobre el suicidio. La muerte mató a mucha gente alrededor de usted y no solamente durante la guerra. Usted mismo dice no interesarse en ella como fallecimiento. ¿Entonces por qué le fascina? Debe haber en ella algo más. Hay sin embargo lo que llamamos a falta de otra palabra¿ el problema metafísico. Lo que podríamos llamar \"condición humana\" es uno de los datos fundamentales de nuestro pensamiento. No podemos olvidar que cualquier vida está prometida a la muerte. Ello me parece un objeto de reflexión completamente diferente al del fallecimiento. Sólo veo dos cosas: o usted está dentro de la fe y, después de todo, resulta relativamente simple; sólo queda saber si tiene miedo del camino o si no tiene miedo. O usted sólo cree en el hecho de estar muerto y me parece que, si suprime el caso de la tortura, la respuesta es casi psicológica. -¿Tiene usted la impresión de ser un hombre marcado por la muerte?- Creo que hay una relación con el papel que juega la muerte en el pensamiento humano que es ciertamente una relación muy antigua y muy profunda. Pero no me atrae en absoluto el elemento mórbido, macabro, que jugó tan importante papel en el Romanticismo o en el siglo XV. Eso pintoresco no me toca. Ahora bien, ha tocado a grandes hombres, Baudelaire por ejemplo. Yo soy indiferente. Resulta evidente lo que, de la muerte, es la interrogante planteada al mayor pensamiento filosófico al cristianismo, al hinduismo y al zen, que es para mí el elemento capital. ¿Cuál es la importancia de la muerte en el pensamiento humano?. Es el peso que toma algo que impide al pensamiento estar completamente de acuerdo consigo mismo. Si no, entraríamos con toda sencillez en lo pintoresco más supersticioso. ¿Qué es lo que le habrá enseñado mejor a morir: la filosofía, la literatura, la guerra, el arte o la religión? Nada. Nada. Nada enseña nada... Creo que uno no aprende a morir. Creo que existe lo que debería llamarse el don. Solamente no hay que frivolizar. No quiere decir que uno sea más valiente que los otros. Quiere decir solamente que se está más inmunizado. LO QUE SE DIJO DE MARROUX.
Malraux ya sentía fascinación por Lawrence a finales de los años veinte y comenzó a escribir su biografía a principios de los cuarenta “El demonio del absoluto”. Malraux y Lawrence comparten muchas cosas: la afición a la arqueología, a la aventura, a la guerra, la obsesión por la muerte, la tortura y las culturas orientales y la vocación literaria. Según Malraux, Lawrence pertenece a la “aristocracia de los sueños”, un linaje que se manifiesta por la búsqueda del absoluto. Buscar el absoluto no es una prueba de excelencia moral, sino de “insaciabilidad”. Esa insaciabilidad se expresaba como desprecio a la autoridad, estoicismo, talante reservado, pero sin miedo a la provocación y el escándalo amor a la libertad y a la soledad. Malraux afirmaba que la verdadera motivación de Lawrence era arriesgar su propia vida, “porque es el único modo que ha hallado el hombre de sentirse enfrentado de igual a igual con la fatalidad”. “Lo más notorio -escribe Malraux- era su fuerza de voluntad. Esa voluntad obcecada y a veces rabiosa de tantos hombres de pequeña estatura”. Lawrence, hijo ilegítimo de un terrateniente, de escasa estatura y aspecto frágil, escogió desde muy joven la disciplina y el sacrificio, la austeridad y la renuncia, el amor por el arte y el desprecio por los bienes materiales, cualidades que le ayudaron en su carrera de arqueólogo, militar y escritor. Su tolerancia al sufrimiento físico y su capacidad para asimilar los rasgos de una cultura ajena desempeñaron un papel esencial en su liderazgo durante la rebelión en el desierto. Atormentado por su físico, realizó hazañas asombrosas, como rescatar a Gasim, un camellero que se extravió en el desierto de Nefud durante la ofensiva hacia Ákaba. Lawrence no sentía mucho aprecio hacia el infortunado, pero necesitaba mantener su autoridad como jefe de clan. Parecía imposible. Sin embargo, lo consiguió. Cuando tuvo que ejecutar a un hombre para evitar un enfrentamiento entre dos grupos rivales, asumió el papel de verdugo y le disparó tres tiros de revólver. Su relato de los hechos no muestra complacencia, pero tampoco culpabilidad. Decepcionado por las promesas incumplidas (el colonialismo británico reemplazó al dominio turco), incapaz de adaptarse a la vida civil, sin otros alicientes que finalizar “Los siete pilares de la sabiduría” y su pasión por las motos, el coronel Lawrence cambió su nombre para alistarse en la RAF y, más tarde, en una unidad de carros blindados. La postguerra le hundió en una profunda depresión que no remitió hasta su accidente mortal en mayo de 1935. ¿LLEGARON A ENCONTRARSE LAWRENCE Y MALRAUX?. Éste dijo que sí. Pero según la biografía de Jean Lacouture no es cierto. Seguramente fue una licencia literaria para empezar la biografía. La inconclusa biografía de Malraux nace de un deseo de emulación, un encuentro ficticio: “Lo vi una vez. Una sola. En un hotel importante, en París, con un pullover de cuello alto”, interesado tan sólo por las motocicletas. Si el encuentro nunca se produjo, ¿por qué esta mentira? En sus Antimemorias (1967), Malraux habla de “los hombres que sueñan despiertos”. Habría que incluirle entre ellos y sólo así se entiende que sucumbiera a la tentación de buscar un pequeño espacio en la historia para reunirse con una figura a la que admiraba. FRASES DEL LIBRO “EL DEMONIO DEL ABSOLUTO”. - "Le traía más o menos sin cuidado su prestigio entre los hombres, pero le preocupaba profundamente influir en su imaginación". - "Su máscara más convincente no había sido aquel atuendo árabe elegido, sobre todo porque le obligaba a exigir más de sí mismo, sino la aceptación de la crueldad". - "Al margen de la acción, sólo era sufrimiento". - "De los siete pecados capitales, algunos de los cuales unen tanto a los hombres, apenas había conocido uno, que es el que más los separa: el orgullo". - "El desierto exaltaba a Lawrence
como exaltara el mar a Melville y la montaña a Nietzsche. Y del
mismo modo, confería al rechazo del hombre a aceptar su inanidad
el sonido grave de un heroísmo eterno".
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