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ERES JOVEN. ¡CÓMETE
EL MUNDO!
Antes se llamaba jóvenes
a los comprendidos entre los 15 y los 29 años, pero esta barrera
la empujan por abajo unos niños “adolescentes prematuros” y por
arriba “unos Peter Pan” que no pueden madurar.

Los niños entre 12 y 14 años
ya empiezan a tener una libertad de horarios y unas posibilidades económicas
que les empujan a envejecer antes de tiempo, a perderse la infancia. Cada
tarde de viernes las grandes cafeterías se llenan de niñatas
que cambian el traje de colegiala por una minifalda y unas medias que bailan
entre sus piernecitas de alambre.
Por arriba, jóvenes de 35
se apoltronan en la casa de los padres y esperan a que les llegue el magnífico
trabajo que les libere de “trabajar” y de paso un piso porque eso de compartir
apartamento con otros jóvenes “no es para ellos”. Como llevan la
misma vida que a los 20, creen que son unos jovencitos.
En total sólo representan
en nuestra sociedad el 23% de la población total, pero según
los últimos estudios sociológicos son el símbolo del
pasotismo. Justo lo contrario de lo que significa juventud. No quieren
cambiar nada, no tienen intereses culturales, sólo quieren conciertos
gratis, que el estado les de un trabajo “de funcionario” y una casa. Es
la cultura del ocio y el consumo como ideales.
Dice García Petit “abandonados
de niños ante la televisión, han sido rescatados de jóvenes
por el móvil, la movida, el ocio como ideal y el consumo como fin.
Han pasado por la escuela sin educarse, ni apenas instruirse. Barrida de
las aulas la disciplina, se les ahorra después la disciplina del
aprendizaje profesional y del trabajo fijo. Al desprestigio de la autoridad
se une la caricaturización de la política -del gobierno de
la sociedad- por políticos falaces y, en algunos casos, felones.
Sin patrones morales, ni magisterio eclesial, sin fondo ni fuerzas la familia
para contrarrestar el poder de la televisión, de la Red, de la calle,
de los iguales, el joven se ha encontrado inerme ante las falsedades, empezando
por la de la imagen de sí mismo, que le asedia desde todas las pantallas
y perspectivas”. “Obtienen enseguida honores de portada: fracaso escolar,
desapego a la lectura, sustitución de valores probados por efímeras
novedades, conductas incívicas, vandalismo callejero, consumo de
drogas -3.000 policías a las puertas de los colegios para protegerles
de su debilidad-, violencia contra indigentes, contra paseantes desconocidos
o contra sus propios padres -más de 5.500 padres habían denunciado
a sus hijos en España entre enero y septiembre de 2005 por malos
tratos en el ámbito familiar”.
Luego hay otros jóvenes,
los que están siempre que se les necesita. Los que limpian las playas
de chapapote, los que llevan a los enfermos mentales a las playas los domingos,
los que trabajan de día y estudian de noche, lo que sostienen económicamente
a sus familias, los que hablan idiomas, los que no se conforman con hacerlo
bien, los que saben que hay que hacerlo mejor, los que luchan por mejorar
y ayudar a la sociedad, los que piensan que es mucho lo que reciben y más
lo que pueden dar.
Son pocos, pero son la única
esperanza.

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