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Muchas historias para decirte
que yo te quiero más.
> Un hombre sólo es realmente un hombre cuando lo da todo por una mujer.
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LA CRÍTICA DESTRUCTIVA, EL PRINCIPIO DEL DIVORCIO. La mayoría de los problemas de pareja se deben a la falta de capacidad en los hombres para comprender el contenido emocional de las expresiones faciales. LA INTELIGENCIA EMOCIONAL –AUTOR: DANIEL GOLEMAN. El libro “Inteligencia emocional” demuestra cómo la inteligencia emocional nos permite tomar conciencia de nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones que soportamos en el trabajo, acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo y adoptar una actitud empática y social, que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo personal. Destaca el autor que “No cabe duda de que la torpeza de los hombres para percatarse de los problemas de la relación se debe a su relativa falta de capacidad para descifrar el contenido emocional de las expresiones faciales. Las mujeres suelen ser mucho más sensibles que los hombres para captar un gesto de tristeza. Es por esto por lo que las mujeres suelen verse obligadas a aparentar una desolación absoluta para que un hombre pueda llegar a darse cuenta de cuáles son sus verdaderos sentimientos y darle luego también el tiempo suficiente para que se plantee cuál puede ser la causa de su malestar”. LOS EJEMPLOS DE PAREJAS. “Para sortear los escollos de las
emociones tortuosas, las mujeres y los hombres deben tratar de ir más
allá de las diferencias genéricas innatas porque, en caso
de no lograrlo, la relación se verá abocada al naufragio
y Goleman pone este ejemplo:
Fred:¿Has recogido mi ropa limpia?
Según Gottman, las críticas
destructivas son una incipiente señal de alarma que indica que el
matrimonio se halla en peligro. En un matrimonio emocional mente sano,
tanto la esposa como el marido se sienten lo suficientemente libres como
para formular abiertamente sus quejas. Pero suele ocurrir que, en medio
del fragor del enfado, las quejas se formulen de un modo destructivo, bajo
la forma de un ataque en toda regla contra el carácter del cónyuge.
“Pamela y Tom, por ejemplo, quedaron a una hora concreta frente a la estafeta de correos para ir al cine y, seguidamente, Pamela se dirigió con su hija a una zapatería mientras su marido iba a echar un vistazo a la librería. Pero a la hora convenida Tom todavía no había aparecido. «¿Dónde se habrá metido? La película empieza dentro de diez minutos —se quejó Pamela a su hija—. Si alguien sabe cómo estropear algo, ése es tu padre.» y cuando Tom apareció diez minutos después, contento por haberse encontrado con un viejo amigo y excusándose por el retraso, Pamela le espetó sarcásticamente: «muy bien; ya tendremos ocasión de discutir tu sorprendente habilidad para echar al traste todos los planes. Eres un egoísta y un desconsiderado».Pero este tipo de quejas es algo más que una simple protesta, es un verdadero atentado contra la personalidad del otro, una crítica dirigida al individuo y no a sus actos. Ante el intento de disculpa de Tom, Pamela le estigmatizó con los calificativos de «egoísta y desconsiderado». No es infrecuente que las parejas atraviesen por momentos similares, momentos en los que una queja sobre algo que el otro ha hecho se convierte en un ataque en toda regla contra la persona y no contra el hecho en cuestión. Estas feroces críticas personales tienen un impacto emocional mucho más corrosivo que una queja razonada y tienden a producirse —quizá comprensiblemente— con mayor frecuencia cuando la esposa o el marido siente que sus quejas no son escuchadas ni tenidas en consideración”. DIFERENCIA ENTRE CRÍTICA Y QUEJA. “La diferencia existente entre una queja y una crítica personal es evidente. En la queja, uno señala específicamente aquello que le molesta del otro miembro de la pareja y critica sus acciones —no su persona— expresándole cómo se siente. Por ejemplo, la frase «cuando olvidaste meter mi ropa en la lavadora sentí que te preocupabas muy poco de mi» no es beligerante ni pasiva sino una expresión asertiva que ilustra un grado de inteligencia emocional. Lo que ocurre en el caso de la crítica personal, en cambio, es que un miembro de la pareja se sirve de una demanda concreta para arremeter contra el otro («Siempre eres igual de egoísta e insensible. Esto me demuestra que no puedo confiar en que hagas nada bien»)”. EL LENGUAJE CORPORAL “Las críticas cargadas de quejas suelen ser muy destructivas, especialmente en el caso de que no sólo se transmitan mediante las palabras sino que se expresen de forma airada y recurriendo también al tono de voz y al gesto. La forma más evidente consiste en la ridiculización o el insulto directo («idiota», «puta» o «cabrón»), pero la verdad es que el lenguaje corporal puede alcanzar el mismo grado de ensañamiento que el ataque verbal (un gesto despectivo, fruncir el labio —la señal universal del disgusto— o poner los ojos en blanco en un gesto de resignación)”. La impronta facial de la queja consiste en la contracción de los músculos que retraen los extremos de la boca hacia los lados (normalmente hacia la izquierda) y en la elevación de los ojos. La presencia tácita de esa expresión emocional en el rostro de uno de los esposos aumenta el ritmo cardiaco del otro en dos o tres latidos por minuto. “Pero aunque las protestas o las expresiones ocasionales de disgusto no suelen conducir a la disgregación del matrimonio, constituyen un factor de riesgo equivalente al hecho de fumar o de padecer una elevada tasa de colesterol para terminar desarrollando una enfermedad cardiaca; de modo que, cuanto más intensa y prolongada sea la descarga de este tipo de emociones, mayor será el peligro. En el camino que conduce hasta el divorcio, cada una de estas situaciones sienta las bases para la siguiente, en una escala de sufrimiento creciente. De este modo, las quejas, las desavenencias y las críticas frecuentes constituyen peligrosos indicadores que evidencian que la mujer o el marido han establecido un veredicto concluyente de culpabilidad sobre el otro. Esta condena inapelable constituye una pauta negativa y hostil de pensamiento que desemboca fácilmente en agresiones que hacen que el receptor se ponga a la defensiva y se apreste de inmediato al contraataque”. “Los dos polos de la pauta de respuesta de lucha-o-huida constituyen las dos modalidades extremas de reacción del cónyuge que se siente atacado. Lo más común es devolver el ataque con una explosión de ira pero esta vía suele concluir en una estéril disputa a voz en grito. Por su parte, la huida, la otra respuesta alternativa, puede llegar a ser más perniciosa todavía, especialmente en el caso de que conlleve la retirada a un silencio sepulcral”. “La táctica del cerrojo constituye
la última defensa. La persona que se cierra sobre sí misma
se limita a quedarse en blanco, a inhibirse de la conversación respondiendo
lacónicamente o manteniendo un silencio y una expresión pétrea,
una táctica que envía un poderoso y contundente mensaje que
combina el distanciamiento, la superioridad y el rechazo. Esta pauta es
fácilmente observable en los matrimonios con problemas y en el 85%
de los casos es el marido quien se encierra en sí mismo como respuesta
a una esposa que lo acosa con constantes quejas y críticas. Pero
una vez que termina estableciéndose como respuesta habitual tiene
un efecto devastador sobre la salud de la relación porque aborta
toda posibilidad de resolver las desavenencias”.
Ya en el siglo XIX, el neurólogo francés Guillaume Duchenne realizó los primeros intentos de documentar con una cámara el funcionamiento de los músculos de la cara. En su obra Mecanismo de la fisonomía humana o análisis electro-fisiológicos de los diferentes modos de expresión, compiló los resultados del estudio de las expresiones faciales mediante corrientes. Charles Darwin descubrió que la expresión de las emociones en el hombre y los animales y a menudo revelan los pensamientos con más sinceridad que las palabras, que pueden ser falseadas. Se trata de señales emocionales espontáneas e inconscientes que nos proporcionan indicios del modo en que realmente se siente otra persona, independientemente de la impresión que esté tratando de proyectar", añade Goleman en Inteligencia social, su último libro. Los párpados superiores caen
y las cejas se angulan. El entrecejo se arruga y los labios se estiran.
Se trata de señales emocionales que aparecen fugazmente en nuestro
rostro en menos de un tercio de segundo", explica Daniel Goleman, el autor
del best seller Inteligencia emocional."
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