INDIFERENCIA.
Lo contrario de amor no es el odio,
sino la indiferencia. Sentir que el otro no se interesa puede ser peor
que la misma separación.

El amor de verdad quiere que el
otro o la otra esté bien bajo cualquier circunstancia aunque esto
significa que esté bien sin uno mismo. Pero esta actitud es celestial
y como somos humanos queremos, en la gran mayoría de los casos,
que el otro se quede.
El ser humano en nuestra cultura
se plantea el amor dentro de una relación de pareja, fija y fiel
aunque mucho cambien las cosas.
LO PEOR, LA INDIFERENCIA.
El que no tiene miedo de perder
al otro nunca va a ser capaz de aceptar un compromiso, de tolerar al otro,
de aceptar errores del otro y de ceder. El que no tiene miedo de perder
al otro siempre va a actuar de modo egoísta, ya que nunca tiene
que temer consecuencias.
ADAPTARSE.
Hay de todo, gente que no quiere
ceder ni un paso de su vida, necesitan a una persona que «no moleste”.
Otras dejan por completo su personalidad y lo más importante es
el bienestar del otro. En este caso se trata de una dependencia insana.
Entre los dos extremos existen todas
las facetas y lo normal es que una parte siempre esté dispuesta
a ceder más que la otra. Esto no significa que una parte quiera
más o menos y mientras que los dos vivan bien, todo puede ser correcto.
LA INDIFERENCIA.
Lo peor que uno puede vivir en una
relación es la indiferencia. El amor a otra persona supone afecto
y el interés por el otro, apoyar y desear que el otro esté
bien. Sentir que el otro no se interesa puede ser peor que la misma
separación.
En casi todas las relaciones llega
el día en que los dos se plantean una separación. Muchos
se dan cuenta que antes de perder al otro prefieren renunciar a muchas
cosas que antes les parecían imprescindibles.
El amor puede cambiar por completo
a una persona. En una relación normal las dos partes ceden y pueden
mantener su personalidad. Muchos anteponen su orgullo y prefieren la separación.
Lo que después tienen que aprender es a manejar el dolor de la pérdida.
Si no sienten dolor, no han querido nunca.

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