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¿POR QUÉ LOS HOMBRES
YA NO QUIEREN CASARSE?.
Porque hemos aprendido y porque
nos hemos quedado sin nada.
Opinión de un lector.
Escucho y leo las quejas de compañeros
y amigos sobre las mujeres, y de verdad, tienen razón las mujeres
cuando dicen que somos superficiales. Se habla de hombres que no quieren
asumir la responsabilidad, que no quieren tener hijos, que ya no quieren
comprometerse pero al mismo tiempo exigen de las mujeres belleza, fidelidad
y cariño. Una especie que solamente recibe y que no da nada. Pero
nadie habla de cuánto ya hemos dado.
Encontré a la mujer de mi
vida, pero la vida tiene sus reglas y a lo largo de los años nos
dejamos de respetar. Esto no solamente nos pasó a nosotros, sino
a todo el mundo. El gran enamoramiento desaparece, los niños te
quitan tiempo, el sexo se convierte en algo raro, y más bien en
una obligación por parte de ella. Ya no sales tanto, los otros tampoco
tienen tiempo por los hijos, por el trabajo. Empiezan las discusiones.
Te das cuenta de que intentas evitarla. Y ella a ti, claro. Tu casa ya
no es el hogar adonde quieres regresar. Después de un día
laboral soporífero quiero descansar, relajarte y no discutir. Me
he convertido en una máquina de hacer dinero. Lo más importante
es que traiga el dinero para mi familia. Ya no quieren mi presencia, ni
me desean, igual me quiere pero no se le nota, pero me necesitan por el
dinero. Y así años y años.
Hasta que algún día
surge la palabra separación, luego divorcio. Como no saben, nos
envidian por nuestro matrimonio ejemplar. ¿Qué dirán?.
Pero luego lo más importante. ¿Qué será de
nosotros?.
Si lo hiciésemos razonable,
ella se quedaría con los niños. Yo me convertiría
en un padre del fin de semana, alienado. Les pagaría una gran parte
de lo que tengo. Igual lo valdría, si por lo menos seriamos felices
otra vez. Y luego. Tal y como es ella, otro hombre va a ocupar el lugar
del padre, más bien más temprano que más tarde. Y
con lo que pago yo, ellos vivirán felices. Y yo trabajando por ellos,
quedándome sin casa, buscándome algo más humilde,
sintiéndome mal y fracasado, delante de los otros, mientras que
cualquiera hará el amor con mi mujer, en mi casa, con mis hijos
al lado. Y eso que yo, más o menos, podría mantener mi estilo
de vida, pero conozco casos en que el hombre tuvo que volver a casa de
sus padres. Uno se imagina la vergüenza que tienen que sentir.
Yo creo que ella ya ha dejado de
quererme. Paso todavía más horas en el despacho, para no
volver demasiado pronto a casa. Ante los otros, ante las familias y ante
los niños somos una pareja normal y feliz. Nuestra vida sexual casi
ya no existe.
El amor no puede significar que
pongas en riesgo tu existencia. En el caso de que fracase nos quedamos
sin nada. Antes eran las mujeres las que se quedaron sin nada, con los
hijos y sin dinero. Ahora nosotros nos quedamos sin hijos y sin dinero.
Echando la culpa el uno al otro
hemos llegado donde estamos: que los hombres ya no quieren casarse ni comprometerse.
El anillo demasiadas veces se convierte en esposas.

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