¿Y EL FUTURO?. PUES
CONGELADO.
Cada día son más los
hombres y mujeres mayores de treinta años que congelan su esperma
y óvulos ante un futuro incierto que les impide plantearse la paternidad.
En el curso de una comida profesional
nos confesaba un experto que es asombroso el número de hombres y
mujeres mayores de treinta años que congelan su esperma y óvulos
ante un futuro incierto que les impide plantearse la paternidad. Nos decía
que todos lo niega en público o que es un tema que ni se trata socialmente,
pero la tendencia es tremenda en toda Europa.
Hoy en día cada vez son más
frecuentes los casos de maternidad a partir de los cuarenta y cinco. Cada
vez hay más personas que deciden congelar sus óvulos o espermatozoides
al llegar a los treinta porque tienen miedo de que la concepción
natural falle cuando decidan ser padres.
Recientemente se ha hecho público
en las revistas científicas el caso de una mujer a la que le extrajeron
sus óvulos, se congelaron y cuatro meses después fueron fecundados
con espermatozoides de un donante que también habían estado
almacenados en un tanque de nitrógeno líquido a -196 grados
centígrados. Sólo se implantó un embrión, pero
el tratamiento tuvo éxito.
El momento álgido de la fertilidad
gira en torno a los veintitrés años, desciende bruscamente
superados los treinta y cinco, y a partir de los cuarenta cae en picado.
En términos sociales el problema
es que a los veintitrés una mujer todavía está en
la universidad y a los treinta y cinco está empezando su vida profesional.
Así que hay que engañar al reloj biológico y son los
propios ginecólogos los que recomiendan congelar óvulos.
Se trata de adecuar el momento de
la maternidad al más adecuado, social o laboralmente, y entretanto
disfrutar durante la juventud de una mayor libertad.
En el caso de los hombres la situación
es diferente pero es muy frecuente el caso de hombres de cuarenta años
que ni siquiera se plantean sentar la cabeza. Así que ante la perspectiva
de sentar la cabeza alguna vez acude al banco de esperma.
Es cierto que se está
congelando con éxito el reloj biológico, pero nos enfrentamos
a una paternidad a partir de los cincuenta, y la naturaleza no se deja
engañar. La paciencia y las fuerzas a los cincuenta son distintas
que a los veinte, por mucha cirugía estética de por medio.
Sin embargo, como consecuencia de
los divorcios y de las nuevas relaciones de pareja, cada día es
más frecuente escuchar aquello de ¡pues los hijos bien, uno
acabando en la universidad y el otro empezando en la guardería!.

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