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CUANDO DESAPARECE EL DESEO SEXUAL.
El DSH o Deseo Sexual Hipoactivo
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El DSH o Deseo Sexual Hipoactivo
es un trastorno que afecta a más del 60% de las personas que acuden
a la consulta de un especialista en la materia y que se define como la
disminución o ausencia de fantasías y deseos de actividad
sexual de forma permanente o recurrente, que puede derivar en un malestar
acusado en quien lo parece y/o en su pareja, afectando de manera muy negativa
a sus relaciones interpersonales.
Al margen de situaciones puntuales
de falta de apetito sexual que no deben considerarse como DSH, esta indisposición
puede presentarse en diferentes grados. Así, puede darse el caso
de que la persona nunca haya tenido tales deseos, por lo que estaremos
ante un caso de afección primaria, que puede llegar a perpetuarse,
si el doliente no tiene pareja estable, y degenerar en una gran insatisfacción
personal.
Si por el contrario, la persona
solía tener deseo sexual pero ya no lo tiene, podemos encontrarnos
ante una anafrodisia de tipo secundario, bien sea general (cuando no se
está interesado en nadie y puede, incluso, llegar a encontrar cualquier
tipo de acercamiento sexual como repugnante), bien situacional (cuando
el problema de inapetencia sólo se registra con la pareja pero no
ante otros estímulos sexuales).
En cuanto a los factores desencadenantes
del Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo, si bien es cierto que se puede
ver favorecido por carencias hormonales, problemas endocrinos, insuficiencia
renal, dispaurenias o, en otro orden de cosas, el alcoholismo o la ingesta
de drogas, lo cierto es que lo más normal es que el problema obedezca
a causas psicológicas. Niveles bajos de autoestima, depresión,
estrés, ansiedad, falta de comunicación, intimidad o confianza
con la pareja, una educación sexual muy estricta durante la crianza
y traumas derivados de la existencia de cuadros de agresiones sexuales
en el pasado son el caldo de cultivo para que el DSH se desarrolle.
Uno de los grandes problemas hasta
ahora había sido el complejo y largo proceso de diagnóstico,
que exponía a los pacientes a largas entrevistas muy exhaustivas
que podían resultar, incluso, incómodas para los pacientes.
Como hablar de problemas sexuales,
sobre todo relacionados con la falta de deseo, puede ser una conversación
muy incómoda, se ha desarrollado una nueva herramienta diagnóstica
que permite evaluar, en tan sólo cinco preguntas de tipo “sí
o no” y sin necesidad de que se trate de un médico especialista,
si realmente se padece Disfunción Sexual Femenina, el DSH generalizado
adquirido más común pues, una de cada 10 mujeres lo padecen
y se estima que el 80% de las pacientes que solicitan ayuda a un sexólogo
lo hace por este motivo.
Esta nueva herramienta puede facilitar
el diálogo, ayudando a los médicos y a otros profesionales
sanitarios a diagnosticar con precisión el TDSH generalizado adquirido.
Se trata de una forma “muy sencilla, rápida y efectiva” de prescripción
del trastorno, pues en las pruebas realizadas y supervisadas por las autoridades
sanitarias norteamericanas se han obtenido unos resultados de efectividad
superiores al 85% en un grupo de más de 260 mujeres premenopáusicas,
perimenopáusicas y postmenopáusicas.
No obstante, aunque el Deseo Sexual
Hipoactivo es una de las disfunciones sexuales más difíciles
de tratar, lo cierto es que se puede superar con ayuda. Hay quien recomienda
diferentes tipos tratamientos psicoterápicos, como la psicoterapia
conductual, basada en la teoría de los comportamientos aprendidos,
o las terapias sexuales.
Sin embargo, en lo que coinciden
casi todos los expertos es en afirmar que, además de dejarse en
manos de un especialista, la solución es cosa de dos y se consigue
en pareja. Algunas de ellas necesitarán, señalan, instrucción
sobre el desarrollo de destrezas en la resolución de conflictos
(y no sólo sexuales), así como entrenamiento en la comunicación,
para poder hablar de sentimientos, mostrar comprensión, sensibilidad
y respeto hacia el problema del otro. Además, trabajar en la confianza
y en la complicidad, dedicarse más tiempo en la intimidad y expandir
la variedad en la actividad sexual pueden ser determinantes para que la
inapetencia se convierta en deseo.

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