EL ESTRÉS.
Siempre hay una puerta de salida.
Durante años los sicólogos
han analizado los síntomas del agotamiento, entre ellos la falta
de energía y la pérdida del entusiasmo. Ahora, gracias a
los nuevos escáneres del cerebro y a exámenes de sangre más
sofisticados, los científicos pueden medir directamente algunos
de los efectos del estrés en la mente y en el cuerpo —con resultados
sorprendentes.
Los expertos han encontrado que
hay personas muy vulnerables al estrés. En este sentido, el profesor
Jens Pruessner, de la Universidad McGill, en Montreal, ha observado que
el hipocampo, una estructura del tamaño de una nuez localizada en
la profundidad del cerebro, podría ser el responsable de esta condición.
Utilizando varios tipos de escaneado
cerebral, Pruessner observó que las personas que tienen una autoestima
inferior al promedio, tienen un hipocampo más pequeño, y
eso podría significar que producen menos cortisol, y de esta manera
influir en su autoestima.
Todavía no está claro
cómo es que el cuerpo puede mostrar niveles de cortisol muy bajos,
y aun así llevar a la persona a un desgaste excesivo., dice Pruessner.
“Lo que sí sabemos es que aún con bajos niveles de cortisol,
las personas muy sensibles a esta hormona sufren las consecuencias”.
Cuando el estrés rebasa ciertos
límites, parece aislar a la persona del mundo real.
Los científicos tienen un
nombre para esta reacción, le llaman “desesperanza”, y han tratado
de estudiar el fenómeno más de cerca con ratones de laboratorio,
cuyos sistemas nerviosos tienen muchas similitudes con los humanos.
Aquí está cómo
funciona el experimento: si usted provee a un grupo de ratones de una ruta
de escape, éstos aprenden de manera rápida cómo evitar
un choque eléctrico que se produce unos cuantos segundos después
de que escuchan un tono.
Sin embargo, si la ruta de escape
es bloqueada cuando el tono es activado, y el choque eléctrico ocurre,
los ratones finalmente dejan de correr y no intentan escapar.
Después de esto, si la ruta
de escape es abierta de nuevo, los ratones simplemente se quedan paralizados
cuando escuchan el tono —a pesar de que una vez supieron cómo evitar
el choque eléctrico, huyendo por la puerta de escape al escuchar
el tono.
Al igual que los ratones, los humanos
no buscan la manera de escapar al estrés, sino que se dejan atrapar
por él. Y de esta manera pierden la habilidad de razonar sobre cómo
buscar otras vías para escapar de la tensión.
En pocas palabras, la investigación
ha demostrado que existe una puerta de salida para escapar del estrés
crónico, y por lo tanto para revertir los efectos fisiológicos
del mismo. Y eso es algo que el ser humano no debe permitir que suceda,
por él y por su familia.

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