![]() |
|
|
|
![]() |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Muchas historias para decirte
que yo te quiero más.
> Un hombre sólo es realmente un hombre cuando lo da todo por una mujer.
|
|
ERNEST HEMINGWAY Y MARLENE DIETRICH Sólo hay una como tú en el mundo, y nunca jamás habrá otra.
María Riva, la hija de Dietrich, donó en 2003 treinta cartas que se suman a otras treinta y una que la actriz ya donó a la biblioteca de Boston y no a la filmoteca de Berlín, donde está la mayoría del legado de su madre, por considerar al autor “un tesoro nacional” para los Estados Unidos. Se trata de treinta cartas que el premio Nóbel, Ernest Hemingway, escribió a su musa alemana, Marlene Dietrich, entre 1949 y 1959, y que se exponen en la biblioteca del museo presidencial John F Kennedy de Boston. El escritor y la actriz se conocieron durante un crucero en 1934 en el Ile de France, cuando Hemingway regresaba a Key West vía París tras un safari por el este de África, y Dietrich viajaba de regreso a Hollywood tras visitar a unos parientes en la Alemania nazi. Aquél fue uno de sus últimos viajes a casa. Hemingway y Dietrich comenzaron a escribirse cuando él tenía cincuenta años y ella cuarenta y siete, y mantuvieron un estrecho contacto hasta el suicidio del escritor en 1961. En una carta con fecha del 19 de junio de 1950, Hemingway escribió lo siguiente “Eres tan hermosa que van a tener que hacer tus fotografías para el pasaporte de tres metros de altura”, tras lo que continúa con una pregunta. “¿En que te gustaría trabajar de verdad?. ¿En romper el corazón de todos los hombres por 10 centavos?. Sabes que siempre podrás romper el mío por cinco centavos, y aun así te devolveré la moneda”. Otra vez escribió “No puedo explicar por qué cada vez que te he rodeado en mis brazos me he sentido como en casa”. Termina la carta en un clímax casi insoportable diciendo “Te amo, te abrazo con fuerza y te beso con intensidad”. En 1951, Hemingway escribió a Dietrich una carta desde el calor tropical de Cuba, donde intentaba escribir “El viejo y el mar”. “El calor era demasiado intenso como para hacer el amor, si es que te lo puedes imaginar, excepto bajo el agua. Y eso es algo que nunca se me ha dado bien”. Quien mejor explicó la naturaleza platónica de este amor fue el propio Hemingway. Al escritor A. E. Hotchner le dijo “Nunca nos acostamos. Sorprendente pero cierto.”. “[Fuimos] víctimas de una pasión no sincronizada. En los momentos en que mi corazón se hallaba disponible, mi Kraut se encontraba inmersa en alguna tribulación romántica; en las ocasiones en que Dietrich salía a la superficie a navegar con aquellos fabulosos ojos en busca de alguna isla, yo me encontraba sumergido”. Sin embargo, fue ella quien no quiso consumar la relación. “Marlene, tú sabes muy bien que yo te amo. Fuiste tú la que tomaste la decisión en ese barco (...) No yo”, dice Hemingway en referencia a la decisión adoptada durante su primer encuentro. En 1951, ella se dirige al escritor como “Mi querido papá”, y continúa así “Creo que es un momento excepcional para decirte que pienso en ti constantemente. Leo tus cartas una y otra vez, y les hablo de ti a unos cuantos amigos. He cambiado tu fotografía de sitio, la he puesto en mi habitación y la miro con creciente sensación de impotencia”. “Toi et moi hemos atravesado momentos de lo más amargos”, la escribió él en junio de 1950. “Y no me refiero únicamente a la guerra. Las guerras son lo de menos. Pero la vida, en general, es la parte más dura”. Hemingway, a pesar de su reputación de mujeriego, refiriéndose a su cuarta esposa, Mary Welsh, en una carta de 1950, escribió “Mary sigue siendo en la cama la mejor mujer que he conocido nunca. Evidentemente, mi experiencia con otras es limitada, y, además, soy vergonzoso por naturaleza”. No quedamos
con una carta. “Sigue enojada todo lo que quieras. Pero detente en algún
momento, hija, porque sólo hay una como tú en el mundo, y
nunca jamás habrá otra, y me siento muy solo en este mundo
cuando tú te enojas conmigo”, la escribió Hemingway,
en respuesta al enfado de la Dietrich cuando supo que el escritor flirteaba
con una de sus rivales de la pantalla, la sueca Ingrid Bergman, compañera
de Bogart en la película Casablanca.
|
|
|