ENTRE HOMBRES.

¿CUÁNTAS VECES TE HABRÁN DICHO QUE NO LAS ESCUCHAS?

Teorías sobre la incapacidad masculina de escuchar.

Sebastià Serrano es el autor del libro “Del amor, la mentira y la persuasión”.

En declaraciones al Confidencial ha señalado que “El lenguaje se desarrolló para ligar. Muy probablemente aquellos y aquellas que empezaron a hablar y que empezaron a contar historias ligaron mucho más, dejaron más descendientes y al final el lenguaje fue común a toda la especie. Solamente los que hablaron dejaron descendientes. Es un punto de vista personal, pero probablemente fue lo que ocurrió. Se estableció una especie de gusto sexual por la lengua, y esto es lo que contribuyó al desarrollo del lenguaje”.

 “La comunicación se hizo necesaria para el encuentro de sexos diferentes. A partir de ese punto los seres vivos tuvieron que comunicarse, porque si no se comunicaban la vida se acababa. La comunicación ha sido desde entonces la locomotora de la cultura, y junto a ésta, es responsable de nuestra evolución”. La comunicación juega por tanto un papel fundamental en nuestras vidas y, según Serrano, en nuestro bienestar, en la medida en que éste depende de la relación con nuestros semejantes.

 “Hoy en día empezamos a estar en condiciones de saber al menos que la felicidad o el malestar se pueden controlar e incluso la felicidad se puede aprender o adquirir. Empezamos a conocer toda una serie de senderos y vericuetos cerebrales, de circuitos y sustancias que están implicadas en la circulación de la información por el cerebro

“Nuestro cerebro está encantado de escuchar palabras amables, de tener delante una cara sonriente, todo esta serie de elementos que tradicionalmente se han considerado que daban un cierto grado de bienestar son los que lo dan”.

“El amor es una tarea de orfebrería de comunicación. La naturaleza quiere que nos encontremos, pero una vez que nos hemos encontrado, la segunda ley de la termodinámica hace que tendamos a desorganizarnos. El amor es como una planta que se ha de regar, que se ha de trabajar, y la comunicación es fundamental en este sentido. Los matices cobran mucha importancia, encontrar el tono de voz, las palabras adecuadas, toda esta serie de elementos no verbales”.

 “Somos bastante distintos, o más bien, no somos muy iguales. Los hombres dan importancia a la información en un sentido estricto, no tanto al envoltorio de la comunicación. En las mujeres pasa lo contrario. Los hombres damos importancia a lo que se dice, no cómo se dice, o con que intenciones lo dices… Los hombres, sobre todo, escuchamos mucho menos, nos desentendemos mucho más, y es cuando se exige que nos fijemos en los pequeños detalles. A la primera queja las mujeres siempre dicen: `No me escuchas´. Y es cierto, los hombres sabemos escuchar menos, pero no lo entendemos. Pienso que lo que pasa es que no escuchamos como cuando estábamos cortejando, y esto les molesta, entonces todo eran halagos. Parecías Cyrano de Bergerac y ahora eres el hombre de las cavernas”. 

“En el cortejo parecemos todos interesantes, luego ya no tanto, además el tiempo se mide de otra manera. Hacer esperar, no hacer esperar, todos estos elementos son fundamentales. A veces, respondemos de manera hostil a una pregunta que un principio no tiene mucha enjundia. ‘¿De dónde vienes?’, por ejemplo, ya se puede ver como una intromisión. Al final todo funciona mediante signos verbales y si no encuentras el tono de voz adecuado, si te mantienes en silencio, o si subes un poco el volumen, el otro empieza a decir que 'estás enfadado'. Jugar a enfadarse es muy fácil. A veces incluso nos insultamos un poco, o incluso nos menospreciamos. Un grupo de investigadores de EE.UU., que ha estudiado esto en profundidad, dicen que en el momento en que hay expresiones de menosprecio ya no hay prácticamente vuelta atrás. Y es tan fácil que aparezcan… Si le dices un exabrupto a la pareja vas a necesitar tres halagos fuertes para reequilibrar la situación. A veces se consigue, pero otras no”.

“Por lo que sabemos en estos momentos, a nivel biológico, la monogamia es la forma de relación natural entre sexos, pero no la monogamia perenne. A lo que estamos adaptados es a una monogamia sucesiva. El amor es tan fuerte que difícilmente cuando una persona está en la primera fase del amor se encuentra en condiciones de buscar otras mujeres. Precisamente lo que pretende el amor es la monogamia, todo es naturaleza. Surge una atracción tan fuerte porque si has de atender a muchas no lo harás bien. La naturaleza te obliga a fijarte en una mujer, y entonces te la trabajas, vas sobre seguro. Uno sale de casa, va a la discoteca. Entonces, si puede, selecciona. Y una vez que se ha decidido por una, surge la atracción. Según las últimas investigaciones al respecto, la naturaleza nos ha programado para que el amor dure cuatro años. Estos años son en los que nace un crío. Pasados dos años ya no necesita tanta protección. El homo sapiens bebé es tan pequeño que no puede criado solo por la hembra”.

“¿Pero no hay parejas que aguantan más?”, pregunto sorprendido. “Se ha visto alguna pareja, en concreto en Londres, que llevaba más de 20 años y seguía en una situación de enamoramiento fuerte. Esto es sorprendente. Estos mismos investigadores, que visualizan la actividad cerebral, vieron que entre los enamorados de menos de un año y los enamorados de entre uno y dos años ya había bastantes diferencias. En los primeros hay una gran influencia de la dopamina, y en los otros ya se activan otras sustancias y otras zonas distintas del cerebro. La realidad es que no podríamos vivir en una situación de excitación constante propia de la primera fase del amor. Es como si estuviéramos siempre de anfetas. Cuando pasa el cortejo, segregamos sustancias que nos dan más tranquilidad, pero claro, puede que entonces encuentres a otra u otro y cambien las cosas. Hay gente que lo lleva bien, pero cada vez las parejas aguantan menos. En el New York Times de hace unos meses decían que una pareja americana que se casa hoy tiene solamente una probabilidad del 30% de mantenerse unida dentro de 10 años”.
 

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