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Muchas historias para decirte
que yo te quiero más.
> Un hombre sólo es realmente un hombre cuando lo da todo por una mujer.
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UNOS
OJOS VIOLETAS Y UN LECTOR INSACIABLE.
Elisabeth Taylor y Richard Burton: cuando nada importa, cuando es imposible. Un hombre que siempre luchó por superarse, por escapar de su pasado humilde, que amaba la literatura, que era alcohólico, que tenía un carácter endiablado, pero que lo hubiese dado todo por no pasar a la historia como el marido de la Taylor, por dos razones, por orgullo y por amor. Elizabeth
Taylor nació en Inglaterra, pero sus padres se trasladaron a Estados
Unidos cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial. Fue descubierta
por un cazatalentos en 1942, con tan sólo diez años, una
niña prodigio. Alos doce años con “National Velvet”
alcanzó la fama.
A los diecisiete años se casó con Nicky Helton. A los veinticinco repite matrimonio y a los veintiséis años se casa por tercera vez con el magnate de la industria cinematográfica, Michael Todd, fallecido un año después en accidente aéreo, lo que convierte a la Taylor en una joven viuda millonaria. Con veintiocho años se enamora del marido de su mejor amiga, Debbie Reynolds, por supuesto se lo quitó, pero no tardó mucho en divorciarse y casarse con Richard Burton. Richard Burton (Richard Walter Jenkins JR.) nació el 10 de noviembre de 1925 en Pontrhydfen, Gales (Gran Bretaña). Su padre era un minero que tenía que trabajar duro para sustentar a sus trece hijos, siendo Richard el penúltimo. Desde niño
su principal afición fue la lectura, devoraba libros y libros
y resultaba bastante aplicado en el colegio. En el instituto conoció
a una persona muy importante en su vida, el profesor Phillip Burton, quien
le introduciría en el mundo de la interpretación y de quien
tomaría prestado su apellido artístico.
Tras ganar una beca, acudió a la Universidad de Oxford y poco después ya aparecía encima de un escenario para interpretar obras de William Shakespeare. ROMPER UN MATRIMONIO DE QUINCE AÑOS. Tras conoce a Elizabeth Taylor, Richard abandonó en 1963 a su esposa Sybil Williams, con quien se había casado en 1948. Vivieron un apasionado romance y se casaron por primera vez en 1964. Diez años después se divorciarían y se volverían a casar en 1975, aunque el segundo enlace no duraría ni un año (con constantes discusiones y problemas con el alcohol), separándose de nuevo en agosto de 1976. En una de las cartas que fueron subastadas en Londres, Richard Burton declaraba cómo todavía estaba sorprendido de que “una de las mujeres más bellas del mundo esté dispuesta a compartir mi cama”. LOS DOS. Se amaron y se odiaron con pasión. Fueron el símbolo de lo feliz y lo tormentoso que puede ser el matrimonio. En un libro publicado en el 2000, The Most Beautiful Woman in the World (biografía no autorizada de Liz Taylor), de Ellis Amburn, se afirmaba que la relación amorosa de Taylor con Burton estaba condenada al fracaso, no porque los dos bebían demasiado, tenían mal genio y matrimonios rotos, sino principalmente porque Burton “no era completamente heterosexual”. “El alcoholismo y la homosexualidad de él se alimentaban mutuamente y lo llevaban a buscar mujeres y luego maltratarlas”, escribe Ellis Amburn. “Richard, al igual que el padre de Elizabeth, la explotó a pesar de que se sentía ofendido por ella, y tenía celos insanos porque su fama e ingresos eran muy superiores a los de él”. Otras
obras más relevantes han demostrado la falsedad de esta imputación
de homosexualidad.
Si hay algo que hay que reconocer a Richard Burton es la elegancia y caballerosidad con la que sobrellevó el hecho de ser el “esposo de …”. En 1963, a raíz de su participación como estrella principal de Cleopatra, Elizabeth Taylor cobró un millón de dólares, siendo la primera actriz que alcanzaba ese caché. Richard Burton, que compartía reparto y romance, no sintió envidia, sino admiración, y para celebrarlo le regaló un enorme anillo de brillantes para decir al mundo lo enamorado que estaba de ella. Y esto antes de convertirse en su quinto marido. Tras el matrimonio mantuvo su caballerosidad. Si había envidia porque ella triunfaba más que él, esto no impidió que en 1967 Burton, dando una muestra más de elegancia, pagara ciento cincuenta mil dólares por el lujoso yate Kalizma, como un presente especial para su mujer, después de que ella ganara el Oscar a la mejor actriz por su papel en ¿Quién teme a Virginia Woolf? . (Este yate parece que no da buena suerte y fue, años después, comprado por Brad Pitt por cinco millones de dólares como un regalo de amor para Jennifer Aniston). Dicen
sus seguidores que fue un hombre que siempre luchó por superarse,
por escapar de su pasado humilde, que amaba la literatura, que era alcohólico,
que tenía un carácter endiablado, pero que lo hubiese dado
todo por no pasar a la historia como el marido de la Taylor, por dos razones,
por orgullo y por amor.
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