DIVORCIADOS BAJO UN MISMO TECHO.
El diario francés Libération
ha publicado un reportaje sobre las parejas que, una vez divorciadas, tienen
que seguir compartiendo el mismo techo. Los casos no son pocos y la problemática,
compleja.

El periódico parisino revela
unos datos que no dejan lugar a dudas. En Francia el precio del metro cuadrado
ha aumentado en un 80% en los últimos seis años. Sea cual
sea la opción de separación elegida, la cuestión económica
se vuelve un factor fundamental a la hora de decidir las condiciones del
divorcio, sobre todo por la combinación de dos factores de gran
influencia: la vivienda y los hijos.
La inversión resulta tan
grande –y las ayudas tan pocas, ya que los padres divorciados son considerados
como solteros– que muchas parejas han optado por seguir compartiendo techo
aunque no deseen verse las caras. “El problema es tal que los divorciados
no tienen otro remedio que cohabitar. Separar el salón, dividir
la nevera, aplazar los horarios... Yo les propongo soluciones de cohabitación
por seis meses. Más allá, no resulta sano”, explica Pascal
Anger, psicoterapeuta y mediador de la Asociación de Ayuda a la
Infancia y la Familia de Seine-Saint-Denis.
“Aún creen que nosotros
estamos juntos”
“Mis amigos no lo comprenden
cuando les digo que mis padres están divorciados pero siguen conviviendo”,
relata a Libération Joséphine, una de las hijas de Ida y
Gilles, una pareja divorciada tras 11 años de vida en común.
Después de tramitar su separación legal se vieron obligados
a tener que compartir una vivienda de 150 metros cuadrados con una pequeña
casa en el jardín de dos habitaciones, para que el ex marido pueda
tener su propio espacio. Ellos, sin embargo, soportan la situación
como pueden: “Es muy triste, con este modo de vida los niños
aún creen que nosotros estamos juntos”, subraya Gilles.
El caso no es en absoluto único.
Sylvie, de 41 años y madre de cuatro niños, explica su situación
al matutino. En mayo de 2005 se separó de Jean-François,
el que había sido su marido durante 20 años, y comenzó
a buscar una nueva vivienda. “Tras tres meses de anuncios inmobiliarios,
no encontré nada excepto precios elevados”, explica, por
lo que ella y su marido continúan viviendo juntos. “Por consejo
de mi abogado continúo en nuestra casa para presionar a mi marido
para ponerla en venta”.
Los normal es que en los divorcios,
las parejas quieran no tener que ver nunca más a su pareja; olvidarla
por completo, comenzar una nueva vida de cero enmendando los errores pasados
y apostando por el futuro. Sin embargo, los hijos y la vivienda se convierten
en cuestiones determinantes por encima delos intereses de la expareja.
En todo caso, resulta mas complicado
superar el trauma de la separación si hay que seguir viendo a la
antigua pareja todos los días al volver a casa.

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