ME RINDO, UNA DE BOTOX.
¿Dónde están
los sitios de moda?, preguntaba a una jovencita en la confianza de que
a cierta edad las canas son atractivas.
Sin pensarlo me contestó,
pues los jóvenes solemos ir a .... Me derrumbé.
Enseguida me hicieron saber que
no me vendría mal algo de cirugía para corregir las arrugas
del entrecejo y la frente.
Mire, “los músculos de la
cara son los responsables de la expresión de nuestras emociones.
Pero su uso continuado hace que estas zonas queden marcadas y aparezcan
arrugas incluso en reposo, siendo las más conocidas las arrugas
de la frente, entrecejo y las patas de gallo”.
El primer pensamiento fue que no
volvería a reírme nunca. Y lo peor en las fotos, ¡sonría
por favor!, y tu con cara rígida, ¡qué diga patata!
y al final te rindes y la foto te deja ver lo que no quieres ver.
El experto me habló de un
toxina botulínica, conocida como botox. Esta sustancia se inyecta
con una aguja fina en el músculo causante de la arruga. La dosis
es muy pequeña y no implica riesgos graves. Sin embargo, el efecto
no es permanente, por lo que los pacientes siempre vuelven, ahí
está el negocio.
La toxina botulínica se aplica
mediante inyección, por lo que no deja cicatrices ni produce inflamación
alguna. Los efectos se notan a los cuatro o cinco días y duran entre
cuatro y seis meses, aunque este período se va alargando a medida
que se repiten las aplicaciones. La infiltración no requiere preparación
ni cuidados posteriores. Se recomienda no tumbarse en las horas siguientes
para evitar que la toxina se acumule en un solo lado y difunda a los párpados.
Luego te intentan decir que pareces
algo triste. Mire “un entrecejo marcado transmite una mirada dura, de enfado
o ansiedad. También, con la edad, los ángulos laterales de
la boca se hunden, lo que produce una expresión de tristeza”.
Está bien me rindo, ¡una
de botox!.

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